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“Italia no puede tener campos de concentración para contentar a los franceses o a los alemanes”

ROMA, 30 (Reuters/EP)

El director general de Inmigración italiano, Mario Morcone, ha advertido este miércoles que aumentará los esfuerzos por tomar las huellas dactilares de los inmigrantes, incluso si eso implica usar la fuerza, en los centros de inmigración administrados conjuntamente por autoridades de la UE y la Policía local.

Morcone espera registrar las huellas de al menos el 90 por ciento de los inmigrantes. “Ciertamente va a haber una mayor determinación para conseguirlas”, ha afirmado. Italia permitirá un uso “proporcional” de la fuerza para obtener las huellas, lo que no ha hecho de forma regular en el pasado, “en la medida en que sea compatible con la legislación italiana”.

La UE acordó la semana pasada un plan dirigido, en parte, a ayudar a los países fronterizos como Italia y Grecia con la reubicación de los solicitantes de asilo a los países no fronterizos. No obstante, el plan prevé la creación de centros de recepción en los “puntos calientes”. Italia ha accedido a abrir seis de estos puntos.

El responsable de Inmigración italiano ha anunciado que los centros de recepción de inmigrante se pondrán en funcionamiento en noviembre y que tendrán límites dictados por la ley italiana y por la “tradición de Derechos Humanos” del país.

DEPORTACIONES Y EXPULSIONES “VOLUNTARIAS”

Aquellos que no permitan que se les tome las huellas o no intenten pedir asilo serán detenidos y cuando pasen 48 horas, el tiempo que establece la ley italiana que los inmigrantes pueden estar retenidos en estos centros, serán deportados o se enviarán a los Centros de Identificación y Expulsión (CIE), donde no podrán estar más de tres meses.

“En mi opinión, la gran mayoría va a pedir asilo”, ha afirmado Morcone, también porque a nadie se le impide solicitarlo en función de su nacionalidad.

Italia solo tenía cinco CIE operativos a finales de julio, por lo que Morcone ha comentado que podrían construir más. Además, ha descartado usar la lista de países “seguros” –propuesta por la Comisión Europea– para que las deportaciones de algunas nacionalidades se puedan tramitar rápidamente. Asimismo, ha asegurado que el asilo se otorga o no a un “individuo” no a una “categoría”.

Morcone ha aclarado que a pesar de las dificultades para identificar a los inmigrantes no se van a crear grandes centros de detenciones, aunque otros países de la UE decidan hacerlo. “Italia no puede tener campos de concentración en Sicilia o en Calabria para contentar a los franceses o a los alemanes”, ha añadido.

El Gobierno italiano planea expandir su programa de expulsión “voluntaria”, que consiste en dar a los inmigrantes apoyo económico para que vuelvan a su país de origen, según ha adelantado Morcone, además de mejorar el proceso para las deportaciones forzosas, para lo que se requiere llegar a acuerdos bilaterales con los países africanos.

EL SEGUNDO FRENTE DE BATALLA

Durante la primera mitad del año, Italia ha registrado las huellas de los dos tercios de los 92.000 inmigrantes que habían llegado al país, según las cifras oficiales. Sin embargo, en los últimos años, Italia se ha visto incapaz de conseguir identificar a los miles de inmigrantes que han alcanzado su territorio.

El motivo principal es la negativa de los refugiados a que se le tomen las huellas con el fin de evitar la ley de la Unión Europea, la cual establece que se debe pedir asilo en el primer país de la UE en el que se ponga pie. Esta incapacidad le ha valido a Roma las críticas de los países del norte.

De los más de medio millón de refugiados y migrantes que han llegado a Europa en barco a través del Mediterráneo en 2015, 131.000 han alcanzado las costas italianas, convirtiendo al país en el segundo frente de batalla, por detrás de Grecia, de la mayor crisis de refugiados que experimenta el continente desde la Segunda Guerra Mundial.