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MADRID, 25 (EUROPA PRESS)

Científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han descubierto una mutación del gen POT1 que da lugar a un síndrome hereditario poco frecuente en el que los pacientes presentan múltiples tumores entre los que se encuentran el angiosarcoma cardiaco (CAS), que presenta una escasa supervivencia, de apenas cuatro meses de media.

El hallazgo, que publica la revista 'Nature Communications', abre una vía para identificar a las familias portadoras de dicha alteración y que puedan beneficiarse de un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado. El problema de estos tumores, recuerdan los autores, es que se detecta cuando ya está en fases avanzadas y hasta ahora no se conocía ningún gen implicado en su desarrollo.

El estudio ha contado con la participación del Grupo de Genética Humana del CNIO, cuyo director Javier Benítez secuenció el exoma –parte del genoma que se traduce a proteínas y es la que más influye en el estado del organismo– de dos hermanos con este tumor.

La identificación del gen POT1 les condujo directamente a otro grupo del CNIO, el de Telómeros y Telomerasa, liderado por María Blasco, ya que dicho gen es una de las proteínas componentes del escudo protector de las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas que, de hecho, han sido identificados como responsables de otras formas de cáncer hereditario como el melanoma y el glioma familiar.

Los investigadores del CNIO observaron además que el CAS hereditario aparece en familias con una muy alta incidencia de otros tumores. Algo parecido a lo que ocurre en los afectados por el llamado síndrome Li-Fraumeni, causado por una mutación en el gen supresor de tumores, el apodado guardián del genoma, P53. Pero en este caso, las familias con CAS no tenían mutado P53 sino el POT1.

“Antes simplemente no había nada que ayudara a identificar a estas personas en riesgo, porque no había ningún marcador para CAS familiar ni para familias con síndrome similar a Li-Fraumeni sin mutaciones en P53. Este estudio descifra uno de los genes que explican la alta incidencia de cáncer en algunas de ellas”, ha defendido Benítez.

UNA SECUENCIA ESENCIAL PARA LA ESTABILIDAD DEL CROMOSOMA

La clave está en los telómeros, ya que cuando hay anomalías en los telómeros los cromosomas se vuelven inestables y a su vez provoca una “gran inestabilidad” del genoma. POT1 es una pieza fundamental en los telómeros, que funciona mal cuando está mutada.

La mutación ahora identificada está en una región de POT1 muy conservada evolutivamente y por tanto importante. Los experimentos realizados tanto con modelos estructurales como en células desvelan que debido a esta mutación la proteína que sintetiza POT1 no puede unirse a los telómeros. El resultado es una gran inestabilidad genómica y en consecuencia una mayor susceptibilidad al cáncer.

Tras esto los autores trabajan en el desarrollo de un modelo animal con esa mutación, para poder desarrollar nuevos tratamientos contra tumores humanos con la misma mutacion. Otra de las líneas que se abre ahora es tratar de entender el papel de esta mutación en el angiosarcoma cardiaco esporádico, no familiar.

APLICACIÓN A LA CLÍNICA

Ante dicho hallazgo, la directora del CNIO, María Blasco, ha asegurado que la traslación de estos resultados a la clínica es inmediata”, afirma Blasco. “De hecho ya estamos ayudando a familias que portan la mutación”.

En la Consulta de Cáncer Familiar del CNIO que dirige Miguel Urioste, en el Hospital de Fuenlabrada (Madrid), se analizan ya cerca de una decena de familias, y también se ha creado una Unidad de Seguimiento de portadores asintomáticos en el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) para ofrecer a estas personas asesoramiento genético y seguimiento, detección precoz y tratamiento.

De hecho, los investigadores esperan que este hallazgo permita encontrar a más portadores que podrían no conocer su riesgo. Para ello, han contactado con grupos y centros nacionales e internacionales implicados en la investigación de cáncer familiar en general y cardiogenéticos en particular, para notificarles el hallazgo y ampliar el estudio con más casos y familias.

Por ello, reconocen que la información debe llegar también a oncólogos, cardiólogos, genetistas y patólogos, para que alerten y envíen muestras de los casos que encuentren entre sus pacientes.