Compartir

MADRID, 11 (EUROPA PRESS)

La cuenca del río Ebro, en el noreste de la Península Ibérica, acumuló sedimento hasta alcanzar una altitud sobre el nivel del mar de entre 500 y 750 metros, hace entre 7,5 o 12 millones de años. Desde entonces, la cuenca se ha erosionado de media un milímetro cada década en su descenso hacia el Mediterráneo y ha ido elevándose hasta 630 metros en el centro, según investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Los investigadores han llegado a estas conclusiones, publicadas en la revista 'Geology', tras emplear técnicas de modelado numérico que han calculado los movimientos verticales de la litosfera terrestre en respuesta a la erosión que se produjo en la cuenca.

“La idea era reconstruir la elevación de ese altiplano del Ebro, restituyendo a su lugar original los sedimentos que hay acumulados en el delta actual”, indica el investigador del CSIC y miembro del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera, Daniel García-Castellanos.

Según el CSIC hace entre 37 o 7,5 millones de años la cuenca carecía de desaguadero, el agua de lluvia no se vertía al mar, sino que se evaporaba. Tras este periodo, la cuenca fue acumulando sedimento hasta alcanzar una elevación entre 500 y 750 metros; y finalmente, la cuenca fue “capturada” por la erosión de un río mediterráneo, o rebosada por el propio relleno del sedimento, formándose el actual río Ebro.

En este sentido, García-Castellanos explica que el río, que se convirtió en el nuevo desaguadero, erosionó rápidamente la cuenca a lo largo de su descenso al Mediterráneo, y formó el delta del Ebro.

Según los investigadores, entender la evolución del relieve y la erosión es “clave” para la evaluación de riesgos de inundación o deslizamientos de tierra.

“Desde la implantación de la agricultura hace pocos miles de años, las tasas de erosión en la cuenca y el aporte de sedimento al delta del Ebro es al menos un orden de magnitud (diez veces) más alta. Hoy, pese a que la pérdida de suelo continúa, esos sedimentos quedan atrapados en los embalses, y el delta podría acabar acusándolo”,

afirma el investigador del CSIC.