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MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

Más de cuatro millones de sirios han huido de su país por el conflicto iniciado en marzo de 2014 y gran parte de ellos han terminado en los países vecinos, viviendo en su mayoría por debajo del umbral de la pobreza y sin perspectivas de una mejora de vida a corto plazo, según los diversos análisis de la ONU y de las ONG.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtió el martes de la “vulnerabilidad” de cientos de miles de sirios en Jordania y Líbano. Muchos de ellos viven fuera de los campamentos organizados, abocados a graves privaciones o a mendigar para sobrevivir.

En Jordania viven más de 600.000 sirios y un 86 por ciento de quienes residen en zonas urbanas y rurales se encuentran por debajo del umbral de la pobreza tras agotar los pocos recursos con los que lograron escapar de la guerra en su país. La portavoz de ACNUR, Melissa Fleming, ha asegurado que más de la mitad de las familias tienen “altos niveles de deuda” y han adoptado “medidas extremas” de carácter económico, como reducir los alimentos o mendigar.

La escena se repite en Líbano, según los datos de ACNUR, que alertan de que siete de cada diez familias sirias viven por debajo del umbral de la pobreza, un aumento en relación al 50 por ciento que se había detectado en 2014. También en este caso, gran parte de los 1,1 refugiados residentes en Líbano se las ingenian para reducir al mínimo los gastos y ni siquiera esto llega a ser suficiente.

SIN FONDOS

Acción contra el Hambre (ACH) se ha sumado a esta preocupación poniendo de manifiesto que la ayuda internacional que reciben estos refugiados se agota. El Programa Mundial de Alimentos ha recortado este mes su ayuda a 229.000 sirios desplazados a Jordania por falta de fondos, una tónica que se repite periódicamente en diversas zonas.

ACH ha recordado que el 50 por ciento de los refugiados sirios en Líbano dependen directamente del PMA. El responsable de comunicación de la ONG para la crisis siria, Florian Seriex, ha lamentado en un comunicado cómo los cooperantes “tienen que ver cada día la desesperación de estos refugiados que no entienden por qué precisamente ahora se reduce la ayuda”.

En este sentido, el supervisor de los programas de medios de vida y seguridad alimentaria de ACH, Joaquín Cadario, ha subrayado que gran parte de los refugiados “no pueden pagar los 200 dólares” que cuesta la renovación de la residencia en Líbano, un país en el que miles llevan ya más de cuatro años.

“En condición de ilegalidad, sus oportunidades de trabajo están limitadas al sobreexplotado mercado informal, obligándolos a un endeudamiento constante de difícil escapatoria”, ha denunciado Cadario, que también ha alertado del desplome del sueldo que reciben los jornaleros agrícolas por el aumento de mano de obra.

La mayoría de los refugiados tienen tan poco dinero que ni siquiera se plantean emprender el peligroso viaje a Europa, como ha recordado la portavoz de ACNUR. Una siria de 25 años madre de tres hijos ha reconocido a esta agencia que se siente como una prisionera de la precaria vivienda donde habita en Mafraq. “Incapaz de hacer nada, ha perdido toda esperanza en el futuro”.