domingo, 27 septiembre 2020 10:12

Crece el número de países que prohíben las bombas de racimo, aunque estas armas aún suponen un riesgo

LONDRES, 6 (Reuters/EP)

Cada vez más países se están sumando para respaldar el tratado internacional que prohíbe la producción, almacenaje y uso de bombas de racimo y están pidiendo a los países que destruyan sus existencias y limpien sus terrenos de munición sin explotar, según ha informado el grupo activista Coalición de Bombas de Racimo (CMC, por sus siglas en inglés).

Belice y Congo están entre los ocho países, junto a los Territorios Palestinos, que han firmado o ratificado el tratado de 2008 desde septiembre del año pasado, tiempo en el que Japón y Canadá han completado la destrucción de sus existencias, según ha explicado la CMC.

A pesar de que el uso de este tipo de armas ha continuado en cinco países –Libia, Sudán, Siria, Ucrania y Yemen– que no se han adherido al tratado, varios de los 117 estados miembro han condenado estos ataques, según el informe anual del movimiento.

Las bombas de racimo, que se lanzan desde aviones o a través de proyectiles de artillería, explotan normalmente en el aire expandiendo pequeñas “minibombas” sobre una extensa zona. En ocasiones éstas quedan sin explotar hasta que se pisan accidentalmente, momento en el que explotan como las minas.

“El nuevo uso de bombas de racimo por varias fuerzas armadas que no se han unido a la prohibicón se ha encontrado con una potente y rápida condena, mostrando que el estigma contra su uso es cada vez mayor”, ha asegurado Mary Wareham, de Human Rights Watch (HRW), quien contribuyó a la elaboración del informe.

La mayor parte de los heridos por ataques con bombas de racimo o por restos sin explotar en los últimos años ha tenido lugar en Siria, donde este tipo de armas ha matado a cerca de 2.000 personas desde 2012, según los datos del informe.

De las víctimas contabilizadas en todo el mundo desde 2010, nueve de cada diez son civiles y la mitad de los que resultaron heridos o muertos eran niños, según el CMC.

El tratado, sellado en 2008, prohíbe el uso de bombas de racimo y exige que se destruya todo almacenamiento de este tipo de arma en un período de ocho años y que las áreas contaminadas con restos se limpien en una década, además de pedir asistencia para las víctimas.

Estados miembro del tratado como Francia, Alemania y Mozambique han destruido 1,3 millones de municiones de racimo y 160 millones de submuniciones hasta la fecha, lo que supone un 90 por ciento del almacenaje declarado por las partes al tratado, según el informe.

En torno a 74 kilómetros cuadrados de terreno han sido despejados de restos de bombas de racimo sin explotar en 2014, pero los conflictos y la ineseguridad han paralizado la limpieza en varios países como Afganistán, Irak, Somalia, Sudán del Sur o Siria.

“Pese a los desafíos, muchos de los más de dos docenas de países que están contaminados por restos de municiones de racimo se han comprometido a limpiar las áreas impactadas”, ha asegurado Jeff Abramson, coordinador de la iniciativa de Supervisión de Bombas de Racimo y Minas Terrestres.

“Por lo tanto, es aún más preocupante cuando se hace uso de las bombas de racimo, matando y dañando a civiles y generando nuevas responsabilidades de limpieza para las comunidades que luchan”, ha añadido.