Compartir

La gran pérdida de cargos públicos durante los últimos cinco
años y la fuga de integrantes del partido ha llevado al PSC a un callejón sin
salida.

Además, el descenso de los militantes ha sido notable en una
formación que se ha visto descolocada por el debate soberanista. La sangría de
votos ha colocado al PSC en una situación residual en el Parlament de Cataluña y en
muchos ayuntamientos, como el de Barcelona, a un partido político que fue
fundamental en la transición catalana.

La convocatoria de elecciones autonómicas ha hecho descender
también las arcas del PSC aunque se acoge a la austeridad para afrontar los
nuevos comicios.

Ahora el partido se ve abocado a escuchar ofertas por la
histórica sede central de la calle Nicaragua
que, unida a la de Pau Claris,
podrían reportar 11 millones de euros de ingresos.

La intención de los administradores del PSC es encontrar
locales más modestos
y que, además, se adapten a la dimensión más reducida que
tiene ahora.

El PSC ya ha suprimido todas las oficinas en las que
pagaba un alquiler,
tanto en Barcelona como en el resto del territorio.

La redistribución de sedes pasaría por unir agrupaciones y
así poder hacer más sostenibles los gastos.

La entrada en escena de plataformas como Barcelona en comú,
en la capital catalana, y de Cataluña sí que es pot, en el ámbito autonómico
han mermado todavía más los intereses de los socialistas.