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MADRID, 22 (EUROPA PRESS)

El campamento de refugiados tanzano de Nyarugusu, que acoge a decenas de miles de personas huídas del vecino Burundi, se encuentra al límite de su capacidad y apenas puede brindar alimentos, agua, refugio y atención médica a los cientos de burundeses que llegan cada día.

Una responsable de Médicos Sin Fronteras, Sita Cacioppe, ha advertido de que el enclave “ha llegado a un punto de ruptura”. No en vano, su capacidad inicial era de 50.000 personas y, a los 64.000 refugiados congoleños que viven ahí desde 1997, se han sumado ahora 78.000 burundeses que han huído de la reciente violencia.

“La gente sobrevive durante meses en refugios colectivos, habilitados teóricamente como zonas de tránsito, mientras esperan una tienda de campaña”, ha explicado Cacioppe, que ha lamentado como hasta más de 200 personas se ven obligadas a quedarse en tiendas de apenas “8×22 metros”.

MSF ha avisado en un comunicado de que la situación aún podría empeorar, toda vez que, cada día, unas mil personas cruzan la frontera tanzana desde Burundi. En este sentido, Cacioppe ha subrayado que “los refugiados necesitan desesperadamente nuevos espacios para poder asentarse y servicios básicos para que puedan vivir una vida más digna”.

Dentro de su actividad en la zona, la ONG puso en marcha un centro de tratamiento contra el cólera tras un brote surgido el pasado mayo. Desde entonces, ya ha vacunado a más de 107.000 personas y distribuye diariamente unos 270.000 litros de agua potable en cinco puntos del campamento.

Además, junto a la Cruz Roja tanzana, los equipos de MSF han impulsado varias clínicas móviles que facilitan una primera asistencia a los enfermos y remiten los casos más graves al hospital. La mayoría de las consultas se deben a casos de malaria, diarrea e infecciones del tracto respiratorio por culpa del polvo y el frío nocturno.