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WASHINGTON, 14 (Reuters/EP)

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha hecho de la política exterior el principal sello del legado que dejará tras ocho años en la Casa Blanca, con una serie de acercamientos a tradicionales enemigos como Cuba e Irán que se han traducido, en el caso de este último país, en un acuerdo nuclear histórico.

Obama anunció en diciembre de 2014 el final de más de cinco décadas de hostilidad hacia Cuba y este martes se ha confirmado el acuerdo entre Irán y las potencias del 5+1 –Estados Unidos, Francia, Rusia, Reino Unido, China y Alemania–, con el que la comunidad internacional quiere desterrar cualquier atisbo de duda sobre el trasfondo de la industria atómica iraní.

Ningún otro reto en materia de política exterior lleva el sello personal de Obama como el acuerdo final alcanzado este martes con Irán, al igual que ninguno representa un mayor reto a su premisa de priorizar la diplomacia y el diálogo en detrimento de la confrontación.

La implicación del mandatario ha llegado durante las negociaciones hasta el punto de interesarse por pequeños detalles técnicos, según sus asesores. A medida que las negociaciones se aproximaban a su final, Obama ha mantenido comunicación constante con el secretario de Estado, John Kerry.

UN LARGO PROCESO

Ha hecho falta más de una década para que se pudiese firmar un acuerdo, pero no ha sido hasta la llegada al poder de Obama y Hasán Rohani en Estados Unidos e Irán, respectivamente, cuando Washington y Teherán han tendido puentes hasta ahora impensables.

Para la historia quedarán la llamada telefónica que ambos líderes mantuvieron en septiembre de 2009 o las cartas secretas que Obama se intercambió con el líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jamenei.

Sin embargo, ni siquiera con el acuerdo con Irán ya firmado, Obama tiene el éxito garantizado. Sus posiciones le han costado abiertos enfrentamientos con el Partido Republicano y un evidente distanciamiento hacia Israel, tradicional aliado de Estados Unidos en la región. Además, si Irán finalmente lanza una carrera armamentística, estaría dando la razón a quienes consideran que el acuerdo se trata sólo de una estrategia del régimen de los ayatolás para ganar tiempo.

El Congreso norteamericano, controlado por los republicanos en ambas cámaras, tiene 60 días para rechazar el acuerdo. En caso de rechazo, Obama podría salvarlo siempre y cuando logre suficientes apoyos de sus colegas demócratas, algo que teóricamente tendría a su alcance.