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MADRID, 1 (EUROPA PRESS)

Un estudio internacional dirigido por científicos de la Universidad de Sidney (Australia) han descubierto que los cerebros de las personas con depresión recurrente poseen un hipocampo significativamente más pequeño, una región que se asocia con la formación de nuevos recuerdos.

El trabajo, cuyos resultados publica la revista 'Molecular Psychiatry', se ha realizado tras comparar mediante resonancia magnética los volúmenes cerebrales de casi 9.000 personas en Europa, Estados Unidos y Australia, de los que un total de 1.728 presentaban depresión recurrente.

Este trastorno mental afecta a una de cada seis personas a lo largo de su vida, y se caracteriza por un estado de ánimo en el cual los sentimientos de tristeza, frustración, pérdida o ira interfieren en la vida cotidiana de una persona en períodos que varían entre semanas, meses o años.

“Nuestros hallazgos arrojan nueva luz sobre las estructuras cerebrales y los posibles mecanismos responsables de la depresión”, explica la agencia 'Sinc' Jim Lagopoulos, del Instituto del Cerebro y Mente de la universidad australiana y coautor de la investigación.

En concreto, las personas que habían sufrido un primer episodio de depresión severa (el 34% de los participantes con depresión) no presentaron un hipocampo más pequeño que los sujetos sanos.

POR EFECTOS ADVERSOS DE LA PROPIA ENFERMEDAD

Este hecho indica que los cambios en el cerebro se deben a los efectos adversos de la enfermedad depresiva en dicho órgano a lo largo del tiempo. El 65% de los pacientes que participaron en el estudio padecían depresión severa.

“Este gran estudio confirma la necesidad de tratar los primeros episodios de depresión con eficacia, sobre todo en los adolescentes y adultos jóvenes, para evitar los cambios cerebrales que acompañan a la depresión recurrente”, añade el científico.

Lagopoulos apunta que a pesar de la intensa investigación en las últimas décadas para identificar las estructuras del cerebro vinculadas a la depresión, “nuestra comprensión de sus causas sigue siendo rudimentaria. Una de las razones es la falta de estudios más amplios, la variabilidad en la enfermedad y de los tratamientos proporcionados, así como las complejas interacciones entre las características clínicas y la estructura del cerebro”, concluye.