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DUBAI, 12 (Reuters/EP)

Representantes del Gobierno yemení y de los rebeldes huthis inician mañana en Ginebra (Suiza) conversaciones separadas con el enviado especial de Naciones Unidas, Ismail Ould Cheikh Ahmed en un intento poco esperanzador de devolver la paz a Yemen habida cuenta de la reticencia de ambas partes a variar un solo ápice sus convicciones.

Tal y como están las cosas, ni siquiera se espera que ambas partes compartan mesa de negociación. El enviado se reunirá por separado con las partes yemeníes enfrentadas durante las llamadas “conversaciones de proximidad” con la esperanza de que Gobierno y rebeldes “acaben sentándose al final a la misma mesa”, según el portavoz de la ONU Ahmad Fawzi.

Las conversaciones intentan poner fin a meses de conflicto armado desde la conquista de la capital de Yemen, Saná, por parte de los rebeldes huthis en septiembre de 2014. Ahora, el Gobierno yemení se encuentra en el exilio en Riad (Arabia Saudí), con el presidente Abdo Rabbu Mansur Hadi a la cabeza, y una coalición internacional liderada precisamente por el reino árabe bombardea habitualmente las posiciones rebeldes y dejan decenas de víctimas colaterales.

Naciones Unidas anticipa un proceso lento. “Se trata de las primeras consultas que involucran a las diferentes partes del conflicto, y por lo tanto suponen un paso importante para que ambos bandos, esperamos, se embarquen en un camino hacia un acuerdo”, según Fawzi. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, estará presente en el día inaugural de las conversaciones, que esperan “crear una nueva dinámica para cimentar la confianza entre las partes y arroje beneficios claros a la población”, lo que no parece muy probable.

ATRINCHERADOS

“Todas las partes en conflicto están atrincheradas en sus posiciones y siguen apostando por seguir con la guerra en lugar de alcanzar un acuerdo político”, ha declarado el analista yemení Bari Taher. El motivo, argumenta, es la insistencia del presidente Hadi en que las conversaciones se limiten a la puesta en práctica de la Resolución 2216 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que insiste en que los huthis abandonen las principales ciudades del país.

Por ello, ni los huthis –ni su presumible aliado, Irán– tienen especial prisa por ceder terreno, máxime cuando han intensificado su avance a pesar de las once semanas de bombardeos sobre sus posiciones. Ahora mismo, los combatientes huthis y los soldados leales al veterano expresidente Alí Abdulá Salé se han hecho con el control de gran parte del país. No solo de la capital, Saná, sino de la mayoría de la ciudad portuaria de Adén, la segunda más importante del país.

Arabia Saudí, por su parte, cada vez actúa con más intensidad conforme aumenta su temor de que Teherán, su rival encarnizado, incremente su influencia en el país vecino — la República Islámica, mientras, niega toda implicación en el conflicto –. Así se ha enquistado una guerra que ha provocado una extraordinaria crisis humanitaria donde ocho de cada diez yemeníes, un total de 20 millones de personas, necesitan ayuda humanitaria.

NI COMIDA NI COMBUSTIBLE

El bloqueo naval sobre Yemen impuesto por Arabia Saudí, que lidera la coalición internacional que se enfrenta a los rebeldes huthis, amenaza con matar de hambre a millones de yemeníes, según temen organizaciones humanitarias, así como Estados Unidos y Reino Unido, que han pedido sin mucho éxito al reino árabe que modere sus tácticas y entregue la ayuda económica que prometió a la gente.

“Cada vez se cubren menos necesidades básicas”, ha declarado el gestor de programas humanitarios de Oxfam, Nuha Abdul Jabber, al diario británico 'The Guardian', al que describe un escenario dantesco. “La gente se está muriendo de enfermedades sencillas porque los hospitales se están quedando sin diesel para funcionar y bienes básicos como la harina no pueden entrar”, ha añadido.

El bloqueo –que también está en vigor por tierra y aire– afecta principalmente al puerto de Al Hudaya, en la costa oeste del país, y el único todavía en funcionamiento, al que solo llega una pequeña porción diaria del contingente de ayuda destinado a la población yemení. La mayoría de los barcos son obligados a esperar durante días mientras los soldados saudíes registran su interior en busca de armas.

SIN CONDICIONES PREVIAS

Los huthis insisten en que solo acudirán de buena fe a las conversaciones si no se les imponen condiciones previas sobre los temas a discutir. De hecho, ni siquiera está clara la agenda de las conversaciones y los representantes de Naciones Unidas no saben a ciencia cierta a quién elegirán los huthis para encabezar la delegación.

A ello hay que añadir que el gobierno de Hadi parece entrever signos de resquebrajamiento. Su 'número dos', Jaled Bahah, se ausentó de la reunión del pasado miércoles que congregó a los más cercanos al presidente Hadi para escoger a los negociadores de Ginebra.

Es más, a tenor de los nombres elegidos, el Gobierno de Yemen no parece tener intención alguna de sacar partido de estas conversaciones, según el experto regional Farea al Muslimi, investigador del Centro Carnegie para Oriente Próximo.

“La selección ya te dice lo poco que se esperan de las conversaciones”, dice Al Muslimi, quien recuerda que entre los negociadores se encuentra por ejemplo el líder del partido salafista yemení Al Rashad, Abd al Wahab Al Humayqani, al que Estados Unidos tiene en una lista negra de mecenas de terroristas. “Su presencia será simbólica y más bien el resultado de la presión internacional que de un deseo genuino de llegar a un acuerdo”, ha añadido Al Muslimi.

HADI CONTRA LAS CUERDAS

Ello se debe a que Hadi tiene miedo de que estas conversaciones hagan disminuir aún más su poder, según los expertos. Un acuerdo en Ginebra o un fracaso de la campaña saudí podría marginar a un político que llegó al poder por obra y gracia de las autoriades de Riad en 2011, en un país enormemente fragmentado, en el que carece de una base de apoyo real y donde su rival Salé tiene a los huthis como aliados armados.

“Hadi siente que cualquier acuerdo con los huthis se va a firmar a su costa”, según fuentes diplomáticas desde Riad, que ha rechazado las peiticiones del presidente yemení para crear una “zona segura” donde pueda crear su propia fuerza de choque.

El presidente Hadi, estima el analista qataría Mohamed al Misfer, “necesita una garantía saudí de que solo abandonará el poder dos condiciones: la primera es que los huthis sean derrotados y la segunda es que se le concedan dos años más para reconstruir el país tras el conflicto, tras los que celebrará elecciones generales”.