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La organización terrorista se dedica por ahora a reclutar efectivos y a introducirse en el inmenso mercado de drogas del país centroasiático

MADRID, 24 (EUROPA PRESS)

El comandante de las operaciones de la OTAN en Afganistán, el general John Campbell, ha reconocido este pasado sábado que la organización terrorista Estado Islámico cuenta con presencia en Afganistán a través de células de reclutamiento pero todavía no tiene capacidad para perpetrar atentados, en declaraciones recogidas por la agencia de noticias afgana Jaama Press.

Campbell, responsable de la misión Apoyo Decidido, ha recalcado que la mayor parte del pueblo afgano no comparte la ideología del grupo pero sí ha aseverado que las sofisticadas campañas propagandísticas de la organización que lidera Abu Bakr Al Bagdadi han llamado la atención de los talibán afganos y paquistaníes.

La presencia de la organización yihadista en Afganistán todavía no está lo suficientemente documentada, pero el Gobierno afgano da por sentado que ya están en el país. El pasado mes de enero comenzaron los rumores de que hombres con pasamontañas y banderas negras estaban ya pululando por la provincia occidental de Fará. Los primeros avistamientos datan incluso del pasado verano.

De hecho, los comentarios del general Campbell tienen lugar después de que, a principios de mes, el consejero de Seguridad Nacional del Gobierno afgano, Hanif Atmar, indicara que Estado Islámico ha comenzado a concentrarse en el país centroasiático para financiar sus operaciones de combate en Siria e Irak aprovechando el suntuoso mercado de drogas en Afganistán.

La presencia de Estado Islámico en Afganistán no tiene tanto que ver con un interés para dominar el país como para recabar fieles. Los expertos coinciden en que es prácticamente imposible que la organización yihadista triunfe donde no lo hicieron la Unión Soviética o Estados Unidos.

Sin embargo, Estado Islámico podría aprovechar la fragmentación reinante en el país, donde conviven talibán desencantados, antiguos milicianos, bandas criminales, grupos paramilitares y señores de la guerra para consolidar su “marca global”.

Esta expansión ha hecho cundir el pánico entre minorías como la Hazara, chií y por lo tanto objetivo fundamental de la organización yihadista suní.