Quantcast

Almudena Grandes: “Le dije a Luis que presentarse era una estupidez”

Almudena Grandes es una romántica. Puede que no en su escritura, pero sí en sus militancias sentimentales: el Atlético de Madrid y una izquierda política y a la vez poética. La izquierda que de la noche a la mañana ha abanderado su marido, Luis García Montero, candidato a la Comunidad de Madrid tras los vaivenes de una maltrecha Izquierda Unida.

Hablamos con ella por teléfono y la pillamos inmersa en la escritura de la cuarta entrega de sus novelas la posguerra, sus 'Episodios de una guerra interminable'. “Soy una escritora lenta. Mis lectores se quejan mucho”. Prepara además, como atlética que es, su intervención en las jornadas 'Cultura en Rojo y Blanco', unos encuentros sobre la cultura y Atlético de Madrid patrocinados por Mahou que estos días han reunido en el Círculo de Bellas Artes a personajes de la literatura, el cine o el periodismo con una debilidad común: son del Atleti.

Almudena, ¿por qué somos del Atleti?

En mi caso no tenía más remedio… Yo tenía dos abuelos, que los dos se llamaban Manuel y los dos eran del Atleti. Mis padres, los dos eran del Atleti… para mí no ha habido otra opción. Pero tengo una amiga de un pueblo de León que dice que es del Atleti por psicología social… Está bien que no todo el mundo haga lo mismo. Ser del Atleti es una opción romántica, a veces incluso heroica. Es ir con los que lo tienen más difícil.

¿Existe una cultura rojiblanca?

Yo creo que sí. Existe en un sentido doble: primero porque entre los representantes de la cultura española contemporánea, en muchos ámbitos diferentes hay mucha afición al Atleti. Sobre todo en comparación con el Madrid. Además, porque ser del Atleti es una militancia, una militancia sentimental, de tal manera que los creadores solemos hacer aparecer al Atlético en nuestras creaciones. Hay canciones del Atleti, libros, poemas…

Sin embargo, a menudo se desprecia el fútbol como una afición de zoquetes. ¿Esa idea es de cultos o de culturetas?

Eso es una tontería… Es un prejuicio si base ninguna. Que te guste el fútbol no quiere decir que no seas capaz de apreciar otras cosas o no te interesen. No tiene nada que ver. El fútbol es una cuestión sentimental, de adscripción a una parte de la sociedad que tiene unos valores con los que te identificas. En ese sentido creo que el Atlético ofrece una realidad muy representativa, yo siempre digo que lo que nos diferencia del Madrid (cosa que sé bien porque mi marido es del Madrid) es que en el Bernabéu se pita a los jugadores y se defiende a la directiva, mientras que en el Calderón se pita a la directiva y jamás a los jugadores. Somos mucho más críticos con los representantes del poder en el equipo que con los jugadores.

Hablando del poder, ¿cómo ves el 24M?

Con ilusión. Este año estoy muy implicada por razones obvias… Creo que es una oportunidad muy importante para que en Madrid cambien las cosas. Madrid es una ciudad muy especial, no sólo porque tenga dos equipos de fútbol que el año pasado jugaron la final de la Champions. Es una ciudad muy radical. La capital de la derecha más recalcitrante de España, pero también la sede de las grandes manifestaciones y la izquierda más peleona. Yo, para dar ánimo, siempre les digo a mis compañeros que esto es como la liga del año pasado, que no la íbamos a ganar, pero al final la ganamos.

La política en primera línea es muy dura, ¿preparada para consolar a Luis a la hora de la cena?

Me estoy pringando mucho más de lo que me gustaría… preparada para consolarle y para acompañarle. Al final estamos haciendo campaña todos. Lo más divertido es que cuando él dijo que se iba a presentar todas las personas de su entorno, yo la primera, le dijimos que estaba loco, que qué estupidez. Ahora estamos todos trabajando para él.

¿Qué consejo le has dado?

Le he dicho que no renuncie a la poesía, a la lírica. Creo que es un arma política y electoral estupenda. No hablar a la gente de cifras o de leyes, sino hablar sobre todo de ilusión. Representar más unos valores más que unos intereses.

Si escribieras una novela sobre la actualidad, ¿harías protagonista a Rajoy o a Pablo Iglesias?

Mi protagonista no sería político. De la misma manera que mis novelas sobre la posguerra las protagonizan personas normales y los personajes históricos son secundarios, si tuviera que escribir una novela sobre lo que está pasando ahora mismo hablaría de los ciudadanos corrientes que están pasando dificultades. A pesar de la importancia de los partidos emergentes, que evidentemente la han tenido, creo que la sociedad ha ido por delante. Contaría la historia desde la perspectiva de un joven o de una persona mayor que nunca se ha planteado militar y que de repente descubre que tiene motivos.

¿Qué política es para ti la más urgente?

Las que remedien el sufrimiento de la gente. Lo más grave que pasa en España es que haya familias que necesiten que abra el colegio para aliviarse de la necesidad de dar de comer a sus hijos. O la arbitrariedad con la que se han vuelto a poner en marcha mecanismos de explotación que hacía mucho tiempo que no habíamos visto, que muchos jóvenes estén pensando en emigrar… En este sentido lo esencial sería recuperar la inversión en servicios públicos porque tendría una doble virtud. Devolvería el bienestar a los ciudadanos y además crearía empleo. Hay partidos que dicen que no hay dinero, pero para rescatar Bankia con 22.000 millones de todos, para eso sí hubo.

¿Y en el ámbito de la cultura?

Pues anular ese efecto de la política cultural de este gobierno que hace creer a la gente que los artistas viven estupendamente, que la cultura es una cosa superflua, y que las inversiones de la cultura se las quitan a los hospitales. Me parece una vergüenza. La cultura es un derecho fundamental. Hace a las personas más felices y fortalece el pensamiento. Hace falta un gobierno que no se vengue de la cultura.

¿Crees que se han vengado?

Sí, si no se entiende a un gobierno que se pasa la vida hablando de la marca España y que ni siquiera aprovecha el tesoro del idioma que tenemos. El problema es que el PP nunca ha tenido el apoyo de la cultura. Incluso diría que hay un elemento de venganza personal. Porque si no, no se entienden los recortes en un país como éste, en el que la cultura es la gran fortaleza de España en el mundo. No hay ningún otro aspecto de este país que tenga proporcionalmente más éxito o que llame más la atención que la cultura.

Cambiando de tema, a ti que escribiste Las edades de Lulú, ¿qué te parecen las '50 sombras de Grey'?

Creo que no tiene nada ver… La literatura erótica que escribimos las mujeres en los años 70 y 80 era muy política, muy ideologizada. Su sentido era reivindicar la soberanía de las mujeres sobre su propio cuerpo y su propia fantasía, la capacidad de las mujeres de crear su propio imaginario. En las 50 sombras de Grey ha primado el marketing, alguien se ha dado cuenta de que la literatura erótica ya no es clandestina, que las mujeres son las que más ficción leen. Las 50 sombras de Grey es como una novela rosa con sexo explícito, con unas escenas de sexo muy aparatosas, pero que en realidad no asustan, no hay nada que asuste… Es una historia de dominio en el que el dominio lo ejerce la víctima realmente.

Si hoy abordases un proyecto como 'Las Edades de Lulú', ¿qué cambiarías?

¡Uf! Es muy difícil… sí cambiaría, claro… 'Las edades de Lulú' tiene mucho que ver con lo que fueron los años 80. Es una novela muy generacional. Creo que lo que decidió su éxito no fue tanto el sexo como una generación de españoles que se reconoció. Es un poco la crónica de lo que fueron los años de la Movida. Nosotros en los 80 fuimos capaces de vivir los excesos sin sentirnos culpables. Eso es una reacción lógica en un país donde la Iglesia Católica había sido todopoderosa y todos los españoles se habían criado bajo la espada del pecado. El pecado era delito. En aquel momento esa necesidad de vivir el exceso era una forma de distanciarnos de nuestros padres y de generaciones anteriores.

¿Y ahora?

Ahora la literatura erótica se ha muerto de éxito. No tiene mucho sentido escribir una novela erótica y publicarla como erótica cuando se puede escribir una novela erótica y publicarla como una novela normal.

Comentarios de Facebook