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MICHIKA (NIGERIA), 11 (Reuters/EP)

La intervención del Ejército nigeriano en el noreste del país, que ha hecho retroceder al grupo terrorista Boko Haram, ha facilitado a que los más de 1,5 millones de desplazados estén comenzando a regresar a sus localidades. No obstante, miles de personas se están enfrentando a la escasez de alimentados y a reconstruir sus viviendas ante la ausencia de ayuda gubernamental.

“Mucha de la gente que está volviendo están pasando por dificultades por la falta de alimentos. Los enfermos no pueden ir a hospitales, no hay verduras, no hay fruta (…) no estamos preparados para volver a la granja y nuestra maquinaria ha sido destruida o robada”, explica Sini T-Kwagga, un líder religioso de Michika.

Así, la población de esta región se desplaza hasta Mubi, una ciudad situada a una hora en coche al sur de Michika, para hacer acopio de alimentos, una situación que se complicará dentro de un mes con el bloqueo de la principal ruta por el inicio de la temporada de lluvias.

Con respecto a las vías de comunicación, el grupo yihadista ha destruido importantes puentes con el fin de torpedear la ofensiva militar, por lo que normalmente los hombres empujan sus vehículos para atravesar el cauce de los ríos.

En la ciudad de Adamawa, una de las primeras liberadas por las fuerzas nigerianas, faltan clínicas médicas, escuelas y bancos por lo que el regreso a la vida cotidiana sigue siendo complicado en esta región. En las zonas más rurales existen grandes extensiones de tierras de cultivo que están estériles.

PELIGRO DE MINAS

Los alrededores de Michika estan sembrados de minas antipersona, se trata sobre todo zonas rurales mal comunicadas y lejanas de bases militares, por lo que los residentes se ven obligados a actuar con mucha cautela.

“Tenemos que permanecer aquí, no tenemos donde vivir, ni recursos para pagar la vivienda (…) tenemos miedo de labrar la tierra ya que de cuando en cuando explosiona una mina y provoca muchos heridos”, detalla Rebecca Ishaya, una mujer que regresó hace dos semanas con sus hijos, a los que ha vuelto a mandar fuera de la localidad para que acudan a la escuela.

Los milicianos de Boko Haram colocaron minas para proteger sus bastiones, una estrategia que ha ralentizado la ofensiva del Ejército ya que los militares se ven obligados a avanzar por vías alternativas.