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“Los nepalíes no lloraban nunca. Lo han perdido todo y te preguntaban ¿por qué estás seria, si estás a salvo?”

MADRID, 29 (EUROPA PRESS)

Los primeros españoles repatriados desde Nepal, donde el sábado les sorprendió el terremoto, han empezado a organizarse para llevar ayuda a las víctimas del seísmo, en primer lugar agua y letrinas y, a medio plazo, una potabilizadora para la ciudad monumental de Bhaktapur, a 13 kilómetros al este de Katmandú, casi totalmente destruida.

Esa es la idea a la que quieren dar forma dos voluntarias madrileñas, Cristina Po Wenger, de 23 años, que lleva meses trabajando en un proyecto de “empoderamiento” para hacer sostenible una escuela de Bhaktapur con la ONG Círculo de Cooperación, y Ruth Aréjula Trejo, de 28, que había viajado a Nepal para visitar distintos proyectos con la intención de dedicarse a uno de ellos a partir de septiembre.

A bordo del avión de la Fuerza Aérea Española que las ha traído de vuelta a Madrid –el mismo en el que volvía de India el ministro José Manuel García-Margallo–, relatan que su prioridad ahora es enviar ayuda a Nepal a través de alguna ONG china o india. Parten de la experiencia del Grupo de Voluntariado GEA, que en tres días ha recaudado 9.000 euros para una potabilizadora en la ciudad de Patan (cuesta unos 100.000) y cuentan con el apoyo de sus compañeros de viaje.

“Mi idea ahora es hacer dinero y volver en septiembre”, dice Ruth, que es maestra y entre otros proyectos había visitado una escuela y un orfanato. “Ahora no sé donde están mis niños”, deja escapar, algo emocionada. Ambas han decidido mirar adelante concentrándose en este proyecto. “Hemos cambiado el chip y ahora hay que trabajar y ayudar”, dice Cristina.

Esta madrileña vivió las horas siguientes al seísmo y sus réplicas con la familia de un amigo nepalí. “Me han tratado como a una hija. Ellos no lloraban nunca, lo han perdido todo y te preguntaban ¿por qué estás seria, si estás a salvo?”, cuenta admirada.

Otros españoles que vivieron las primeras horas tras el seísmo junto a los nepalíes relatan experiencias similares. “Habíamos contratado un tour y cuando pasó el terremoto el responsable de la agencia vino a buscarnos al hotel, nos dijo que en su casa tenía un jardín, que era lo más seguro, nos llevó allí y nos dejó una tienda para que tuviésemos privacidad”, cuenta otro turista que pide mantener el anonimato cansado de la sobreexposición mediática.

Entre los 46 repatriados este miércoles hay una niña y dos bebés. Yeshi (pronunciado 'Iishi') tiene 7 meses y pasa las 11:30 horas de vuelo entre los brazos de su padre, Kulung, nepalí, y los de su madre, Alba del Bas, nacida en Sabadell hace 28 años, pero que lleva tres viviendo en Katmandú. Alba reside en el barrio de Boudha (donde viven una quincena de españoles) y tiene un centro de tatuaje. El temblor pilló a la familia precisamente en la Quinta Convención Internacional del Tatuaje de Nepal, que se celebraba en la capital.

Como su vivienda sufrió daños, decidieron dirigirse al cercano monasterio de Shechen, donde montaron una enorme carpa para acoger a la gente y luego se refugiaron en un hotel internacional. Los tres miembros de la familia llevan puestos unos finos cordones rojos bendecidos por el Rinpoche local para que les proteja.

Varios pasajeros insisten ante los periodistas en que su experiencia con los nepalíes ha sido extraordinaria, que se marchan principalmente para no ser “un estorbo” en un momento en que lo más necesario es la atención sanitaria, y piden que no se extienda al conjunto del pueblo nepalí lo que fue una terrible experiencia personal con los soldados nepalíes de uno de los españoles evacuados.

El extremeño Jonathan Herranz se quedó encerrado en el aeropuerto –al que se dirigió porque tenía un vuelo hacia Japón que se canceló– porque le exigían pagar un visado para salir y le habían robado el dinero. Herranz, de 27 años, asegura que a él le “salvó un nepalí” que le sacó de debajo de una casa donde había acudido a refugiarse después de que se estrellara el coche en el que viajaba.

Pero se mantiene en denunciar la actitud de los soldados nepalíes, de quienes dice que no repartían la ayuda que llegaba al aeropuerto y trataban fatal a sus propios conciudadanos, en favor de los indios y los chinos. Esa actitud, apuntan varios pasajeros, puede tener que ver con que estos países fueron los primeros en enviar ayuda.

CONSEJOS CHILENOS

Herranz relata que en el aeródromo llegó a haber 70 españoles. Algunos consiguieron partir en sus vuelos, otros tenían dinero para pagar el visado de salida y otros más saltaron la valla. A los que pasaron horas en la pista, cobijados a veces bajo los aviones, dos señoras chilenas les daban consejos para cuando llegasen las réplicas: situarse junto a los muros de carga y en las juntas de los baldosines, porque a través de ellas puede liberarse energía y en esos puntos no estalla el suelo.

Al matrimonio formado por Rosa María Pera y David de Dios, que acababan de llegar a Nepal porque él va a trabajar allí temporalmente para la constructora San José, un nepalí les llevó en su moto hasta Katmandú desde Patal (unos 5 kilómetros al sur), donde les sorprendió el terremoto, después de varias horas desorientados.

Precisamente las oficinas de la constructora, a unos dos kilómetros del aeropuerto, se convirtieron en punto de encuentro improvisado para los españoles. Por allí llegaron a pasar 128 españoles, relata el jefe de obra, Óscar Gutiérrez, que lleva en el país un año con su mujer y su hija.

Los tres se trasladaron a la oficina al ver las grietas que el terremoto había dejado en su casa (en principio, certificada para seísmos), y lo mismo hicieron otros trabajadores. “Allí tenemos 70 ú 80 litros de agua potable, tenemos luz, yo salí a comprar gasóleo”, explica Fernando Martínez Samblás, que viaja a Madrid con su mujer, Rosario Merino. Una vez allí, se repartieron las tareas –para cocinar, limpiar, comprar– y, antes de marcharse, organizaron un mercadillo para dejar comida, ropa y medicinas a la gente.

Cuatro días después del terremoto, los repatriados han pisado suelo español en la base aérea de Torrejón de Ardoz, aplausos incluidos en el momento del aterrizaje. A varios les esperaban sus familiares y otros han sido trasladados en autobuses hasta el aeropuerto de Barajas y la estación de Atocha. Esta tarde se espera el segundo de los vuelos.

Ahora, Gutiérrez prevé volver en breve a Katmandú, donde se han quedado en la oficina algunos trabajadores locales para atender a nuevos españoles que puedan llegar desde otros puntos del país. Además, hoy volaba desde Delhi otro equipo de la empresa, y desde el martes están allí otros tres representantes de la Embajada de España en la India.

Gutiérrez ha relatado a su llegada a Madrid que parece que el funcionamiento del aeropuerto se va regularizando y la ayuda podrá empezar a salir, pero admite que hace falta mucha ayuda. “Ahora mismo no hay luz ni agua, siempre hay cierta escasez en el país y las personas que más escasez tienen son las que tienen más problema. Son gente fuerte por naturaleza pero esto los castiga más”, ha dicho. Eso sí, asegura que en el país no hay problemas de seguridad pública, y que aunque ha podido haber casos puntuales la situación es de “tranquilidad”.

Todos los pasajeros han dedicado elogios al trabajo del personal de San José, que hizo un trabajo que no tenían por qué haber hecho, y también al personal de la Embajada y especialmente a la cónsul, Laura García Alfaya, aunque varios relatan que tuvieron que presionar para que el Gobierno los trasladase a España en vez de evacuarlos sólo hasta Nueva Delhi, donde tendrían apenas un visado de unos pocos días para conseguirse un billete.

En todo caso, sí hubo 23 españoles que pudieron salir por sus medios de Nepal y al menos otros 12 que pudieron usar sus propios billetes para salir de la India.