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MADRID, 17 (EUROPA PRESS)

Solo entre el 40 y el 50 por ciento de los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio mantienen a los seis meses la adherencia al tratamiento, según los datos de un gran estudio realizado por un consorcio investigador que ha contado con la participación del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).

La investigación, en la que han colaborado Laboratorios Ferrer, el Hospital Mount Sinai de Nueva York (EEUU) y la aseguradora sanitaria norteamericana AETNA, ha demostrado que “existe una limitación en la eficacia de los tratamientos”, señala a Europa Press el doctor José María Castellano quien participa en el estudio como miembro del CNIC.

Los datos, que se han recogido en una muestra total de 17.000 pacientes norteamericanos — “y son extrapolables a la población española” –, muestran que en el periodo del 2010 al 2012 solo un 43 por ciento de los pacientes son totalmente adherentes.

Además, “hemos visto que había una diferencia muy significativa entre estos pacientes y los que tienen menor adherencia de repetir un evento cardiovascular, sufrir un evento cerebrovascular, requerir revascularización o de morir, por lo menos de hasta el 30 por ciento de diferencia”.

En su opinión, en el estudio – que está en trámite de publicación científica para los próximos meses- ha quedado demostrada la baja adherencia al tratamiento en prevención secundaria cardiovascular y su asociación directa con la recurrencia de eventos, y la necesidad de desarrollar estrategias contra esta tendencia.

Al respecto, Castellano destaca la reciente aprobación en España de la polipildora cardiovascular, fruto de una colaboración público privada, que se comercializa con el nombre de 'Trinomia', y que incluye tres principios activos en una misma pastilla mejorando notablemente la adherencia al tratamiento.

A su juicio, puede tener un “impacto importante” en la asistencia sanitaria de países como España, “donde hay una alta utilización de recursos sanitarios”; del mismo modo pretende convertirse en un vehículo para prevención secundaria en países en vías de desarrollo, donde actualmente sucede el 80 por ciento de las muertes por la enfermedad cardiovascular y la accesibilidad a estos tratamientos es prácticamente inexistente.

Esta pastilla consta de un antiagregante plaquetario para evitar la formación de trombos, el ácido acetilsalicílico, una estatina para controlar los niveles de colesterol y para estabilizar la placa de ateroma, la atorvastatina y un inhibidor de la ECA, antihipertensivo que evita el remodelado del corazón que se produce tras un infarto, el ramipril.

Precisamente el abordaje farmacológico de la prevención secundaria cardiovascular, va a ser uno de los temas a tratar dentro de la Reunión de Expertos en enfermedad Cardiovascular que se celebra este viernes en Madrid, y que contará con la participación del doctor Castellano.

'TRINOMIA': EFICAZ Y EFICIENTE

Castellano considera que con su uso se aborda así un problema global de salud pública de una manera eficaz y eficiente, utilizando la misma estrategia que en el caso de la pandemia del VIH y los antirretrovirales combinados de la década de los 80 y 90. “Ahora tenemos una polipildora para acabar con la pandemia cardiovascular”, ha advertido.

En su opinión, hay que ser “realistas y críticos” ante los datos actuales de eventos cardiovasculaes y su alta mortalidad, y “agresivos” a la hora de poner en marcha una estrategia dirigida a la prevención secundaria de eventos cardiovasculares.

Los beneficios de este fármaco ya se han demostrado, lo que no sólo ha provocado su aprobación por las distintas agencias sanitarias sino que, además, ha llevado a sus promotores a solicitar a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la inclusión de Trinomia en su listado de medicamentos esenciales, a lo que la entidad responderá el próximo mes de abril.

“Es una estrategia sencilla que asegura que con un comprimido diario asegura que el paciente esté eficazmente protegido contra una recurrencia o evento cardiovascular”, advierte.

El medicamentos, que ha sido autorizado en 15 países de la Unión Europea mediante un procedimiento coordinado de la Agencia Española del Medicamento, como previamente lo habían hecho las autoridades sanitarias de otros países centro y latinoamericanos, incluyendo México y Argentina.

Aunque la sociedad científica es sensible con la baja adherencia y los “alarmantes” datos sobre la bajísima adherencia en pacientes que han sufrido un infartos de miocardio, Castellano se lamenta de que aún es necesario vencer algunas barreras que ayuden a implantar de un modo global este nuevo tratamiento.