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NUEVA YORK, 10 (EUROPA PRESS)

La agencia de calificación crediticia Standard & Poor's (S&P) ha confirmado este viernes el rating 'BBB' con perspectiva 'estable' de la deuda soberana de España, pero alerta de la incertidumbre que existe sobre las políticas del país debido al actual panorama político.

“La afirmación del rating refleja nuestra consideración de que los riesgos sobre la recuperación económica de España y sobre sus indicadores crediticios están equilibrados en un año de elecciones regionales y generales”, señala la agencia en un comunicado.

En este sentido, S&P incide en que persisten las incertidumbres sobre un posible cambio de políticas fiscales y macroeconómicas debido a estas citas electorales

S&P, que confirmó el rating de España en su última revisión realizada el pasado 14 de noviembre, destaca que las reformas aprobadas desde 2010 han colocado al país en una posición favorable para beneficiarse de los menores precios del crudo, la depreciación del euro y la postura monetaria acomodaticia del Banco Central Europeo (BCE).

“Las condiciones externas actuales más favorables, la caída de precios del petróleo, la debilidad del euro, y la bajada de los impuestos de renta y sociedades, deberían tener un impacto positivo en el comportamiento del PIB en los próximos tres años a medida que la economía entra en un ciclo de recuperación más sólido”, destaca.

En este sentido, espera que, aunque los bancos españoles siguen reduciendo sus balances, la política del BCE estimule a los bancos a aumentar sus préstamos al sector privado al tiempo que la recuperación económica cobra impulso durante los próximos años.

Sin embargo, no espera que el crecimiento del crédito impulse la demanda interna en los próximos años, dado que la deuda de empresas y hogares, aunque sustancialmente por debajo de los niveles previos a la crisis, sigue siendo elevada, en un 110% y 72% del PIB, respectivamente, a finales de 2014.

* Por otro lado, subraya que el tipo de interés negativo de la deuda pública podría hacer más atractiva la inversión en el sector privado. que espera que en su mayor parte se materialice en el sector exportador, aprovechando unos salarios considerablemente más bajos en España y una legislación laboral más flexible en comparación con sus pares de la zona euro.

En este mejor entorno monetario y exterior y como refleja de la mejora de sus competitividad, la agencia ha decidido elevar en tres décimas sus previsiones de crecimiento para el periodo 2015-2017, desde el 1,9% hasta el 2,2%, aunque reconoce que existe potencial al alza en estas estimaciones.

En concreto, prevé que España crezca un 2,2% en 2015 y un 2,4% en 2016, cifras inferiores al 2,8% y el 2,7% que espera el Banco de España. La agencia explica que esta diferencia se debe a que sigue pensando que el crecimiento del consumo y la inversión se moderará por la necesidad de mantener las tasas de ahorro en los niveles actuales durante varios años.

Respecto a la perspectiva 'estable', la agencia explica que refleja tanto sus previsiones para los próximos dos años de una recuperación económica generalizada y una consolidación presupuestaria gradual, como los riesgos derivados de su posición exterior y del potencial impacto negativo de las presiones deflacionarias y de la débil demanda externa.

S&P mantiene la nota de España en una categoría similar a la que le otorga Moodys ('Baa2' con perspectiva 'positiva'), pero un escalón por debajo de la de Fitch, que a finales del octubre pasado la confirmó en 'BBB+' con perspectiva 'estable'.

Una incertidumbre significativa que vemos es la capacidad de los próximos gobiernos para preservar el sólido historial de reformas que fomentan la competitividad, y el impacto que un posible cambio de política en el futuro podría tener sobre la principal debilidad de España, su tasa de desempleo desestacionalizada (23.2% a finales de Febrero de 2015, la segunda más alta de la UE). Entre finales de 2007 y 2013, el ratio empleo-población cayó del 67% al 56% según la OCDE, más que ningún otro país de las características de España de la OCDE.

Consideramos que el comportamiento económico de España, la evolución de su del sector financiero y su desempeño fiscal dependerán en gran medida del aumento del empleo, del porcentaje de contratación fija vs temporal, y de si el elevado desempleo de larga duración (que aumentó a poco menos del 50% de desempleo al final de 2013 desde el 20% de 2007, en comparación con la media de la OCDE del 31%), se puede reducir a niveles pre-crisis.

Seguimos pensando que aunque el gobierno ha llevado a cabo reformas laborales de calado desde 2012, mejorando así la competitividad de la economía, todavía hay amplia evidencia de la dualidad en el mercado laboral. Por ejemplo, el coste laboral para los empresarios españoles sigue siendo superior a la media de la OCDE, con contribuciones a la seguridad social por encima del 20% de los costes laborales totales. Creemos que esto restringe la flexibilidad económica, en un contexto en el que España comparte la misma moneda con la mayoría de sus mayores socios comerciales. Las recientes reformas fiscales, por otra parte, como la bajada del IRPF a las rentas más bajas, así como la reducción del impuesto de sociedades, podrían estimular la creación de empleo. Parece que estas medidas están teniendo algún efecto ya, ya que los datos de la seguridad social de marzo han confirmado el mayor aumento mensual del empleo registrado desde el inicio de la serie histórica en 2001.

Prevemos que la deuda neta llegará a su máximo en 2017, cuando alcanzará algo más de 93% del PIB. Este cálculo excluye las garantías relacionadas con el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Al mismo tiempo, los intereses representarán probablemente, de promedio, alrededor del 8% de los ingresos durante 2015-2017. Teniendo en cuenta el intenso calendario electoral de este año, así como la posibilidad de un proceso de consolidación presupuestaria más gradual, proyectamos que el gobierno se desviará de sus ambiciosos objetivos para 2015 y 2016 del 4,2% y 2,8% del PIB, respectivamente. Aunque la recuperación económica ayudará a reducir el déficit -gracias al aumento cíclico de los ingresos derivados de impuestos sobre el consumo y la renta, así como a la reducción gradual de los gastos por desempleo- , creemos que es poco probable que el gobierno alcance estos objetivos sin medidas adicionales de reducción del déficit.

Proyectamos que España presentará un superávit por cuenta corriente del 1,0% del PIB en 2015, lo que implica una capacidad de financiación neta de la economía española, incluyendo la cuenta de capital, de poco menos de 2% del PIB, en línea con la cifra del año pasado. Esto refleja principalmente mejores términos en los intercambios comerciales. En términos reales, proyectamos que las exportaciones netas restarán crecimiento en 2015, pero empezarán a contribuir de nuevo al crecimiento a comienzos de 2016. Durante los próximos cinco años, por lo tanto, esperamos que la cuenta corriente de España mantenga un superávit moderado de poco menos del 2% del PIB, gracias a una mayor competitividad, aunque una demanda más fuerte que la que proyectamos en podría conducir a un mayor aumento de las importaciones. El déficit de la balanza de rentas de España es probable que se mantenga en la mitad de los niveles anteriores a la crisis a medida que la deuda externa neta se va pagando, con tipos de interés mundiales que esperamos permanezcan bajos.