lunes, 28 septiembre 2020 4:44

El terror de vivir bajo los barriles bomba en Alepo

Este arma indiscriminada provoca graves daños materiales y numerosos muertos y amputados

MADRID, 12 (EDIZIONES)

“Nunca sabes si vas a volver a casa con vida o si vas a volver a ver a tu familia”. Así de cruda es la realidad que viven las cerca de 300.000 personas que aún residen en el este de Alepo, la zona controlada por las fuerzas opositoras al régimen de Bashar al Assad, según Tarek, un trabajador sanitario sirio.

La segunda localidad de Siria es apenas un reflejo de la encantadora ciudad que fue, según Médicos Sin Fronteras (MSF), que ha denunciado la difícil situación en la que se encuentran sus habitantes en su último informe, 'La realidad de Alepo: vivir bajo los barriles bomba”.

Según explica la ONG, las condiciones en la ciudad se han deteriorado considerablemente desde que las fuerzas sirias iniciaron una campaña de bombardeos aéreos con barriles bomba a mediados de diciembre de 2013 y que se mantiene hasta hoy.

Los barriles bomba, simples bidones llenas de explosivos y metralla y son lanzados desde helicópteros, se han convertido en un arma de guerra que provoca el pánico entre aquellos que sufren sus efectos. Dado lo rudimentario de su fabricación, se trata de proyectiles muy imprecisos por lo que sus efectos son “indiscriminados”, explica Carlos Francisco, coordinador general para Siria de MSF.

Como consecuencia de estos bombardeos, muchas infraestructuras y viviendas han quedado destruidas o seriamente dañadas y algunos barrios de la ciudad están en la actualidad parcial o totalmente vacíos, salvo por los cada vez más numerosos ladrones y saqueadores, que aprovechan para robar las pocas pertenencias de valor que dejaron atrás los que han huido de la ciudad.

“Alepo nunca ha sido así. No había robos. No existían los saqueos. Ahora todo lo que tenemos es incertidumbre”, explica a MSF Raed, un trabajador del hospital de Al Salama, con el que colabora la ONG. La impredecibilidad de los ataques con barriles bomba hace que resulte muy difícil adoptar medidas para poder hacerlos frente, lo que aumenta el estrés psicológico que sufren los habitantes, según el informe.

“¡Nunca se sabe cuando puede haber un bombardeo! Ese es el problema. Podrías estar en casa cenando. Podrías estar durmiendo. Podrías estar yendo a hacer la compra. Puede ocurrir en cualquier momento”, explica Tarek, que también trabaja en Al Salama.

CON LAS MALETAS HECHAS

El temor a que se pueda producir un ataque en cualquier momento está muy presente y hace que muchos tengan sus maletas preparadas para salir huyendo. “Nuestra maleta estaba lista en la puerta siempre, con nuestras pertenencias con más valor sentimental o económico, por si tuviésemos que huir repentinamente”, cuenta Miriam, que actualmente vive refugiada en Kilis, Turquía, donde también trabaja MSF.

“Todas las mujeres de Alepo comenzaron a dormir completamente vestidas, con el 'hiyab' y demás, por si los barriles bomba caían durante la noche y les pillaban y morían ¡en pijama! Suena extraño, pero estas son algunas de las cosas que preocupaban mucho a la gente”, añade.

El principal reto ante esta situación es prestar asistencia sanitaria a los que quedan. Según explica Teresa Sancristoval, responsable de la Unidad de Emergencias de MSF, hace tres años en la parte este de Alepo había unos 2.500 trabajadores sanitarios, ahora solo quedan 97.

PERSONAL SANITARIO

La mayoría han huido de la ciudad, en algunos casos para cruzar al lado bajo control gubernamental y, en otros, para refugiarse en Turquía. Otros han sido detenidos y están desaparecidos y otros muchos han muerto en los bombardeos y los ataques que “una y otra vez” sufren las instalaciones sanitarias, lamenta Sancristoval.

El personal sanitario que queda en muchos de los casos carece de formación adecuada, algunos ni siquiera están titulados o tienen una especialidad, y trabaja en unas condiciones muy duras y sometido a una gran presión y estrés.

“Nuestra situación es cada vez más difícil a causa de los bombardeos. La mayoría de los médicos y enfermeras se han ido y quedamos unas pocas personas trabajando bajo mucha presión. En estos momentos somos un equipo en cuadro y apenas dormimos”, cuenta un médico de un hospital de campaña en Alepo en el informe.

“Estados totalmente agotados”, reconoce este médico, que agradece el trabajo que está realizando MSF porque “ayuda a compensar las grandes carencias que tenemos, sobre todo en alivio del dolor y anestésicos, y nos permite hacer todas las operaciones que hacemos.

La falta de suministros es otro problema cada vez más acuciante, destaca Sancristoval, puesto que la única manera de abastecer los centros sanitarios con los que trabaja MSF es por una “única carretera” que es objeto de bombardeos con demasiada frecuencia.

AMPUTACIONES

Así pues, el personal sanitario se ve obligado a trabajar sin buena parte del material que sería necesario para atender no solo a los enfermos, incluidos aquellos con dolencias crónicas, sino a los numerosos heridos que dejan los barriles bomba. De ahí el que, “los médicos hayan llevado a cabo amputaciones cuando, en otras y mejores circunstancias, podrían haberse evitado”.

El ser amputado supone “casi una sentencia”, explica Sancristoval, puesto que en la actualidad “es muy difícil encontrar una silla de ruedas en Alepo y aunque se encuentre es muy complicado poder moverse” por la ciudad entre los escombros. Así pues, muchos amputados ven su movilidad reducida tanto para poder huir de nuevos bombardeos como para poder cubrir sus necesidades más básicas.

Según cuenta MSF en su informe, tras un bombardeo con barriles bomba “los daños causados son a menudo tan grandes que pueden encontrarse miembros humanos por todo el barrio”. Normalmente, “los familiares y vecinos supervivientes ayudan a recuperarlos, los meten en bolsas y los entierran según los preceptos islámicos”.

En el este de Alepo, sus habitantes hablan mucho del tiempo. El motivo, según la ONG, es que los bombardeos con barriles bomba se producen solo cuando el cielo está despejado. “En Alepo celebramos cuando un día está oscuro y nublado”, relata un refugiado sirio en Turquía. “Sabremos que habrá algunas horas de descanso antes de que comiencen los próximos bombardeos”, añade.

De ahí el que, según reconoce Sancristoval, “la población teme que la situación empeore con el buen tiempo” puesto que durante el invierno, dado que hay menos visibilidad, el número de bombardeos disminuye.