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MADRID, 11 (EUROPA PRESS)

Cada año se registran en España más de 3.000 nuevos casos y 1.800 muertes por cáncer de ovario, en parte porque en el 60 por ciento de las pacientes se detecta en estadios avanzados, pero la determinación y asesoramiento genético en algunas pacientes va a permitir reducir la incidencia y mortalidad de estos tumores en los próximos años.

Así lo ha reconocido el presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Ovario (GEICO), Antonio González, durante la jornada formativa 'Pasado, presente y futuro del gen BRCA' organizada por AstraZeneca en colaboración con la Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (ASACO).

El problema de estos tumores es que actualmente no existe un método de detección precoz fiable como ocurre en cáncer de mama o colorrectal y los síntomas suelen pasar desapercibidos, ya que en las primeras etapas se caracteriza por dolor o distensión abdominal, lo que hace que cuando se detecta el tumor ya esté diseminado.

Además, la realización de ecografías vaginales dentro de las revisiones ginecológicas rutinarias a veces no es suficiente, ya que los tumores más frecuentes, los serosos de alto grado, presentan una “alta agresividad” y “en menos de un año pueden extenderse y diseminarse”, ha reconocido González.

Sin embargo, en los últimos años se ha avanzado mucho en el campo de la genética de estos tumores y se sabe que el riesgo de desarrollarlos aumenta en mujeres con alteraciones genéticas específicas y heredadas.

Entre ellas están las que afectan a los genes BRCA1 y BRCA2, que actúan como supresores tumorales y también son claves en el cáncer de mama, lo que hace que su mutación multiplique el riesgo de desarrollar estos tumores a lo largo de la vida, pasando del 1,4 por ciento de probabilidades de la población general a hasta un 40 por ciento en estos casos.

Además, también existe una mayor probabilidad de que el tumor se desarrolle en mujeres más jóvenes. Así, mientras que la edad media del diagnóstico suele ser en torno a los 60 años, con estas mutaciones la edad media se adelanta hasta los 51-56 años.

Actualmente se estima que un 15 por ciento de los tumores de ovario están asociados a estas mutaciones, y su detección permite personalizar su tratamiento ya que las hace “candidatas” a recibir determinadas terapias que han demostrado su potencial para retrasar la progresión de estos tumores, según ha explicado González.

PREVENIR EL CÁNCER EN PERSONAS SANAS, CON ANTECEDENTES

Del mismo modo, y al igual que ha sucedido con el cáncer de mama, también permite predecir si existe un riesgo de desarrollar el tumor en las descendientes de las pacientes con estos genes alterados, de cara a poner en marcha estrategias de prevención.

“Ofrece una información valiosa que va más allá del propio paciente”, según ha reconocido Judith Balmaña, responsable de la Unidad de Cáncer Familiar del Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona, que aconseja buscar estas mutaciones mediante análisis de sangre sólo en aquellas personas con antecedentes familiares de cáncer asociado a dichas mutaciones.

En estos casos, se valora la opción de hacer seguimientos cada seis meses mediante ecografías y análisis de sangre y se recomienda la cirugía profiláctica de ovarios y trompas a partir de los 40 años o si la mujer ha perdido su deseo reproductivo.

Estas intervenciones, según ha reconocido esta experta, se asocian a “muchos beneficios” ya que disminuyen las probabilidades de desarrollar un tumor ginecológico y, en algunos casos, también ofrece un efecto protector frente a tumores de mama.

El problema, ha añadido Balmaña, es que la determinación de estas mutaciones “abre la oportunidad de prevenir estos tumores pero también introduce preocupación”. “Y en España hay poca cultura anticipatoria”, ha lamentado.