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MADRID, 25 (EUROPA PRESS)

Profesionales de los servicios de Cirugía General, Cirugía Cardiaca y Cirugía Vascular del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid han realizado con éxito la primera operación en España de una paciente de 44 años con fístula aorto-esofágica.

Se trata de una patología “muy grave” en la que se produce una comunicación anómala entre el esófago y la aorta, producida por aneurismas de aorta torácica, lesiones del esófago o prótesis alojadas en la aorta torácica.

“El principal problema de esta comunicación es que la aorta se infecta y provoca que el paciente tenga malestar, vómitos, dolores o, incluso, sangrado por vías aéreas o por los tubos digestivos, llegando a veces a desenlaces fatales”, ha explicado el jefe asociado de Angiología y Cirugía Vascular de la Fundación Jiménez Díaz, César Aparicio.

No obstante, se trata de una patología poco frecuenta ya que en diez años sólo se han publicado en el registro europeo 36 casos. En España se publicó, en mayo de 2013, una serie del servicio de Cirugía Vascular de Valladolid en la revista 'Angiología' donde se presentaron tres casos con pacientes de entre 15 y 44 años, de los cuales a dos se les realizó cirugía y a uno un tratamiento conservador pero que, “desgraciadamente”, todos fallecieron a los pocos días o en el postoperatorio.

Sin embargo, el equipo de la Fundación Jiménez Díaz ha conseguido salvar la vida a María José Calderón quien asegura que se encuentra “muy bien” y que puede hacer una vida “prácticamente igual” que antes de someterse a esta operación.

DOS INTERVENCIONES DE 10 Y 5 HORAS

Para ello, los profesionales realizaron dos operaciones. La primera, que duró 10 horas, consistió en extirpar el esófago y la aorta, para lo cual se utilizó una máquina que suplió la función de bombear la sangre del corazón, y conectaron a la paciente a una circulación extracorpórea con hipotermia moderada (25 grados) durante 20 o 30 minutos.

Todo ello, tal y como ha informado el jefe de servicio de Cirugía Cardiaca del hospital, Gonzalo Aldámiz-Echevarría, permitió extirpar la aorta torácica descendente y sustituirla por un tubo de pericardio bovino, un material más resistente a la reinfección que las prótesis convencionales y que, además, no produce rechazo. Posteriormente, se abocó el esófago en el cuello y se colocó una sonda en el intestino para poder alimentar a la paciente.

Tras varios meses en reposo y de estar recibiendo un tratamiento antibiótico intensivo con el fin de asegurar que no había infección en la aorta se realizó la segunda intervención, cuya duración fue de aproximadamente cinco horas.

En esta ocasión, según ha informado el jefe de la Unidad de Cirugía Gastroesofágica de la Fundación Jiménez Díaz, Peter Vorwald, se creó a partir del estómago de la paciente –no se podía realizar a través del colon porque había sido intervenida en dos ocasiones– un tubo estrecho de aproximadamente 30 centímetros de largo que se conectó al esófago en el cuello con el fin de que pudiera alimentarse de nuevo sin precisar la sonda de alimentación intestinal.

La última operación tuvo lugar el pasado mes de agosto y actualmente la paciente puede alimentarse de una forma “completamente normal”, realiza natación y, desde el punto de vista cardiovascular, lleva una vida “similar” a la que llevaba antes de sufrir esta patología.

“Ha sido un éxito profesional de esta institución por la colaboración del equipo quirúrgico; un éxito técnico por la reparación de una intervención compleja; un éxito clínico por los buenos resultados obtenidos; y un gran éxito humano para la paciente porque nos empujó a todos a realizar esta intervención con sus ganas de vivir”, ha zanjado la subdirectora médica de la Fundación Jiménez Díaz, Ana Leal.