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MADRID, 16 (EUROPA PRESS)

Varios estudios científicos recientes han afirmado que el microbioma intestinal, la gran variedad de bacterias que viven en el estómago y los intestinos, puede ser el culpable de la obesidad. Un nuevo trabajo liderado por Katherine Pollard, de los Institutos Gladstone, en San Francisco, Estados Unidos, ha encontrado que no existe una relación significativa entre el índice de masa corporal (IMC) y los tipos de microbios intestinales.

El laboratorio de Pollard, que presentará sus resultados en el simposio 'La obesidad y el microbioma' en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés), que se celebra en San José, California, Estados Unidos, halló que hubo una mayor variabilidad en las bacterias intestinales entre los diferentes estudios analizados que entre los individuos delgados y obesos dentro de cada trabajo.

Pollard cree que es la composición genética de las diferentes cepas de bacterias lo que es más importante debido a que el ADN en las bacterias puede variar mucho. Por ejemplo, mientras que los genomas de dos seres humanos sólo pueden diferir en un 0,1 por ciento, en dos cepas de la misma bacteria puede variar un 30 por ciento, similar a la variación entre los genomas de humanos y ratones. Además, las diferencias en los genomas bacterianos son a menudo piezas importantes que están involucradas en el metabolismo o el procesamiento de azúcar y grasa.

Cuando se estudian los microbiomas usando la metagenómica

–secuenciación de su ADN total–, las diferencias en el tamaño del genoma bacteriano pueden sesgar la estimación de la proporción de cada gen en la muestra. Mediante el desarrollo de un método computacional simplificado para calcular rápidamente el tamaño del genoma utilizando modelos estadísticos, el equipo de Pollard ha sido capaz de mejorar la precisión de los estudios del microbioma.

“No es suficiente decir qué tipo de especies bacterianas están presentes, porque esto no explica qué están haciendo -señala Pollard–. Como dos cepas de la misma especie pueden tener genomas diferentes, realmente se necesita saber qué genes están ahí y qué papel juegan con el fin de vincular la microbiota intestinal de una persona con el IMC o la enfermedad”.