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MADRID, 15 (EUROPA PRESS)

El presidente de honor de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM), Manuel Díaz-Rubio, acaba de recopilar en un libro una serie de síntomas del organismo que pueden condicionar de forma leve o seriamente la vida cotidiana de quienes los padecen, incluyendo entre otros el bostezo, el ventoseo, el rubor, la meadilla del miedo, la sudoración, la tos nerviosa o el retortijón.

Con rigor, pero también de forma amena, la obra 'Síntomas que todos padecemos' cuenta de cada uno en qué consisten, cómo se desencadenan y cómo prevenirlos o limitarlos, pero también se contextualiza su presencia en el cine, el arte, el refranero, la canción, el poema, la historia o en anécdotas vividas por el propio autor.

“Saber sus causas y el mecanismo íntimo que los produce puede ayudar a prevenirlos o, al menos, a limitar su impacto”, ha reconocido el autor, que considera que la inclusión de anécdotas, refranes o frases de películas permiten mostrar “la parte más humana de cada uno de ellos”.

Por ejemplo, del bostezo reconoce que, aunque suele ser visto como signo de aburrimiento o desinterés manifiesto, no siempre ha sido así y cada cultura –los mayas, los romanos, etcétera– le ha dado una interpretación distinta.

En cambio, sí hay consenso científico sobre una cosa, que se trata de un fenómeno contagioso. “Y, como dice el refrán, anda el bostezo de boca en boca como la cabra de roca en roca”, defiende el autor.

Del ventoseo, por su parte, profundiza tanto en su composición (un 59% de nitrógeno, un 21% de hidrógeno, un 9% de dióxido de carbono, un 7% de metano, 4% de oxígeno y un 1% de sulfuro de hidrógeno, este último responsable de su mal olor) como en la velocidad de su expulsión, de tres metros por segundo.

Y del retortijón cita unos versos de un soneto del escritor Ramón Llanes que describen las sensaciones que puede producir: “No puedo estar sentado mucho tiempo / que las tripas, dicen, se apretujan / se rebelan, se mueven y se empujan / y forman con los gases un tormento”.

El autor asegura que las distintas reacciones, de carácter rutinario o excepcional, marcan nuestra personalidad. De hecho, escribe el profesor Díaz-Rubio, “muchas de las personas que padecen estos síntomas con cierta frecuencia consideran que debido a ello han fracasado en diferentes aspectos de su vida, personal, social o laboral, mientras que otros lo consideran una mera anécdota puntual”.

Un elemento común a buena parte de los capítulos del libro escrito por el presidente de honor de la RANM ha sido la “colaboración” del Diccionario de términos médicos de la Academia, editada hace tres años y que tuvo entre sus principales promotores al propio Díaz-Rubio.