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La agencia de Naciones Unidas trabaja para apoyar a los menores que sobreviven a la enfermedad y afrontar rechazo social

MADRID, 29 Ene. (EUROPA PRESS) –

El brote del virus del ébola en África Occidental ha dejado más de 16.000 niños huérfanos desde que se detectaron los primeros casos en 2014, según las estimaciones del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que cree que acabar con el brote ahora sí es una meta “alcanzable”.

Laurent Duvilier, especialista en comunicación de la Oficina de UNICEF para África Central y Occidental, ha asegurado por videoconferencia desde Senegal que el ébola ha hecho que 16.700 niños se queden sin padre o madre o sin ambos progenitores, a lo que se une el problema del estigma que genera la enfermedad en la sociedad y la familia de los afectados, que en muchos casos teme acoger a los supervivientes por miedo al contagio.

Duvillier ha asegurado que el número de casos de esta enfermedad mortal está descendiendo hasta un nivel que hace posible que, a diferencia de lo que ocurría en 2014, “la meta” de acabar con el brote de ébola en África Occidental sea “alcanzable”.

Sin embargo, también ha advertido de que no se puede caer en el exceso de optimismo y bajar la guardia y ha abogado por luchar contra el virus “hasta en la última casa”. “Pueden surgir nuevos casos en cualquier momento”, ha apostillado.

En este sentido, ha subrayado que el ébola es “un monstruo de varias cabezas” y que hay que trabajar para cortarlas “todas” y acabar con la enfermedad, además de estar atentos por si surgen nuevos casos. “Hay que seguir la lucha, no podemos bajar la guardia”, ha señalado.

El responsable de UNICEF ha explicado que el ébola no solo mata a los padres y familiares de los niños sino que también les priva de servicios como la educación y, en el caso de lo supervivientes, les deja en una situación muy compleja porque pueden llegar a ser “abandonados por sus propias familias” por el “miedo” a contraer el virus. “Es una doble o triple tragedia” para los niños se han quedado “abandonados, rechazados o discriminados por sus propios familiares y su propia comunidad”.

En este contexto, la agencia de Naciones Unidas impulsa los centros transitorios para ayudar a los niños que han sufrido los efectos directos e indirectos del ébola, con apoyo psicológico hasta que logren recuperar una vida normal.

MARGARETTE

Duvillier ha relatado la historia de una niña de once años llamada Margarette que se ha convertido en cabeza de familia porque el ébola ha matado a sus padres y ahora ella se encarga de sus hermanos de dos y cinco años.

Cuando la niña le contaba su historia a Duvillier lo hacía desde la distancia física en un centro de aislamiento y tratamiento del ébola en el que esperaba a superar el periodo de incubación para que los médicos certificaran que no tenían la enfermedad ni ella ni sus hermanos. “No podíamos abrazarla”, ha explicado Duvillier, a modo de ejemplo de la difícil situación en que quedan los menores de familias marcadas por el brote en África Occidental.

Por su parte, la periodista de UNICEF Yolanda Romero, que ha estado seis meses trabajando en los proyectos de la organización Sierra Leona, ha dicho que la situación que más le ha impactado positivamente de su estancia allí fue el caso de una abuela que decidió hacerse cargo de sus dos nietos tras la muerte de sus padres por el ébola.

La mujer trabaja vendiendo en un puesto en la calle condimentos y otros artículos y, tras hacerse cargo de los niños, sus vecinos y amigos dejaron de acudir a comprarle cosas. Apoyada por UNICEF, tras el paso de las semanas, sus vecinos y amigos volvieron a visitarle y a comprarle sus mercancías, superando así el estigma de la enfermedad en su círculo más cercano y recuperando su principal sustento económico.