Compartir

FREETOWN, 23 (Reuters/EP)

Los médicos de Sierra Leona trabajan en los centros de tratamiento del ébola sin la protección necesaria para evitar el contacto directo con los pacientes, al contrario de lo que ocurre con los centros instalados por países extranjeros en el país, donde se observan medidas de seguridad e higiene.

Cuando Sekou Kanneh marcha al trabajo en su clínica de tratamiento del ébola de Sierra Leona, pasará muchas horas en la “zona roja” de la epidemia sin adoptar las medidas de seguridad que tomarán sus colegas extranjeros.

Las condiciones sanitarias en el centro de tratamiento de ébola de Kanneh, el único en Sierra Leona dirigido por personal autóctono, contrasta con los locales donde los voluntarios extranjeros trabajan en Sierra Leona, Guinea y Liberia contra la epidemia.

El personal del centro de Kanneh no ha recibido formación sobre el tratamiento del virus que ha terminado con más de 7.000 vidas en África Occidental. Kanneh trabaja en turnos de hasta cuatro horas en una sala donde los sanitarios tienen contacto directo con los pacientes.

“No tenemos tiempo de pasar más consulta y muchos de nuestros cirujanos han muerto contagiados de ébola”, ha dicho Kanneh a la agencia de noticias Reuters.

La pasada semana, médicos estadounidenses mostraron al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, las medidas de seguridad que observan en uno de los centros de tratamiento del ébola.

El personal estadounidense no permanece más de dos horas en la “zona roja”. En la capital de Sierra Leona, Freetown, los voluntarios de Médicos Sin Fronteras (MSF) solo están una hora en la sala donde hay pacientes contagiados del ébola.

Reino Unido, Francia, Cuba y otros países han enviado equipos médicos para combatir la epidemia, aunque su trabajo es muy diferente al de Kanneh, en una antigua academia de Policía. “Si estoy a punto de quitarme el traje de protección y oigo a alguien que grita: 'Doctor, me estoy muriendo', no me voy”, ha asegurado.

Consolar a los enfermos es vital, especialmente cuando empiezan a sufrir los primeros síntomas, como vómitos, diarrea y sangrado de ojos y oídos. “Los pacientes no se pueden enfrentar a la situación, necesitan oír la voz humana”, ha dicho Kanneh.

Para este médico de Sierra Leona, que se formó como cirujano en Rusia, los turnos son agotadores. El pasado domingo, se encontró trabajando solo en la supervisión de 27 pacientes.

De los tres países más afectados por el ébola, Sierra Leona tiene el mayor número de casos, la mitad en Freetown. El país solo contaba con 136 médicos, 12 de los cuales han muerto contagiados por el virus, incluido el prestigioso patólogo Victor Willoughby, que falleció la pasada semana. 358 trabajadores sanitarios han muerto por la epidemia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sin embargo, la muerte de Willoughby, que ha formado a toda una generación de médicos sierraleoneses, representa una gran pérdida. “Hemos perdido mucho en la batalla”, ha dicho Kanneh. “No quiero que mueran más, los recordamos cada vez que volvemos a la 'zona roja'”, ha añadido.

EXHAUSTOS

En el centro de Hastings, Kanneh, sin protección médica, es requerido en la sala de ébola continuamente durante las noches. El número de pacientes ha disminuido desde principios de diciembre, en parte gracias a los seis nuevos edificios construidos por el Ejército británico.

Sin embargo, el personal de Hastings se encuentra exhausto. Un farmacéutico ha mostrado una lista de cerca de 180 trabajadores, de un total de 257, que aseguran no haber recibido su sueldo. “Si se compara el subsidio de los blancos, es mucho mayor”, ha dicho el supervisor de los sanitarios Mohamed Marrah. “Esto me enfada mucho”, ha asegurado.

Incluso en los centros dirigidos por organizaciones occidentales, la mayoría del personal es de origen local. MSF, por ejemplo, cuenta con 30 trabajadores extranjeros y 250 sierraleoneses en sus instalaciones de Príncipe de Gales.

“Los médicos de Sierra Leona no pretenden tener las mismas condiciones que los extranjeros, pero alguien debería estar preparado para darlas”, ha dicho el director del Centro Nacional de Respuesta al Ébola, el benedictino Sisay.