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Se trata de una obra dirigida por Mariana de Araújo en la que Francisco Moreta e Íñigo Bordiu se encargaron del trabajo de cámara y fotografía. “White Roses in TheDark” narra la clásica historia de amor entre dos mujeres que deben hacer frente a una serie de dificultades para poder permanecer unidas. Si bien la trama se antoja sencilla, Mariana de Araújo logra dotar a la película de una complejidad psicológica sublime, apoyada por el magnífico trabajo tras la cámara de Íñigo Bordiu y Francisco Moreta.

El amor atormentado y doloroso es una temática a la que el séptimo arte se ha acercado en incontables ocasiones, tanto desde perspectivas cómicas como dramáticas, pero en contadas ocasiones desde una perspectiva tan espiritual, casi esotérica, como lo ha hecho Mariana de Araújo con la ayuda del tándem formado por Íñigo Bordiu y Francisco Moreta. La trama es sencilla, emotiva y disfrutable para el espectador menos versado en el consumo de cine, pero se muestra compleja y repleta de profundas metáforas visuales para aquellos cinéfilos más acostumbrados a la búsqueda de películas con más trasfondo del que en un principio se pudiera mostrar.

Mariana de Araújo nos regala una experiencia cercana, íntima, sencilla en forma y profundamente cuidada en fondo, donde las miradas de las dos actrices principales, Vanessa Barlett y Alexandra Beechko, encierran una intensidad y un significado que es posible atisbar tan sólo entre las líneas del cuidado diálogo. Si bien el ritmo de la cinta es pausado, la emoción vertida por sus personajes hace que sea un auténtico torbellino sentimental para el espectador, que quedará encandilado tanto por la efectividad de la interpretación como por la belleza de las imágenes.

Las fotografía y trabajo de cámara de “White Roses In TheDark” corrió a cargo de Íñigo Bordiu y Francisco Moreta, que firman una de sus obras más arriesgadas como directores de fotografía hasta la fecha. El equipo se atreve con imágenes contrastadas, oscuras, tenebrosas, un contrapunto en principio incompatible con una historia de amor pero que funciona a la perfección con el giro espiritual y psicológico que voltea la cinta hacia su clímax. Este equipo de jóvenes artistas de la luz inventan un espacio agobiante, siniestro, que a la vez resulta acogedor y agradable. Son capaces de mostrar la psicología de cada personaje en cada plano, en cada movimiento de cámara, en cada sombra o punto de luz con la que dibujan la imagen. Todo está medido con detalle, todo tiene una razón de ser y un significado dentro del encuadre. Todo encaja.

Si la dirección y fotografía son unas piezas que se engranan a la perfección, el aglutinante que hace que “White Roses In TheDark” sea una pieza tan sólida es sin duda la música firmada por Daniel García Marinas. La partitura, cargada de sonidos poco habituales para una cinta de estas características, resulta funcionar a la perfección en una historia que se sabe diferente desde el principio a pesar de su clásica premisa.
Con todo esto, “White Roses In TheDark” es uno de esos cortometrajes que te dejan con ganas de saber más, con ganas de seguir viajando con sus protagonistas y de explorar los confines de su historia, historia que es digna merecedora de todo un largometraje.