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MADRID, 22 (EUROPA PRESS)

Actualmente solo Galicia, País Vasco, Navarra y Aragón están cumpliendo “al 100%” con las indicaciones para el uso de los nuevos anticoagulantes orales aprobadas hace casi un año por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en su informe de posicionamiento terapéutico elaborado para estos fármacos.

Una situación que favorece que estos medicamentos, llamados NACO, solo se estén usando en el 9 por ciento de los más de 800.000 pacientes anticoagulados que hay en España cuando, en virtud de las indicaciones del Ministerio, deberían usarlos entre un 30 y 40 por ciento de estos enfermos.

Así lo ha denunciado la Red de expertos 'La Salud del Paciente, por delante', constituida a iniciativa de Bayer por cardiólogos, neurólogos, hematólogos, médicos de familia y otros especialistas para potenciar el uso de estos nuevos fármacos como alternativa a los anticoagulantes clásicos, que sin embargo lamentan que en este último año su implantación “ha sido muy pobre”.

Hasta un tercio de los pacientes con fibrilación auricular no valvular no logra un buen control terapéutico con los anticoagulantes “más clásicos”, como el conocido 'Sintrom', lo que hace que tengan más riesgo de ictus y otros embolismos o hemorragias graves.

Una situación que llevó al departamento de Ana Mato a elaborar un IPT para que en estos pacientes que responden mal a la terapia clásica, además de en otros casos (si no puede ser monitorizado, ya ha padecido un ictus o una hemorragia intracraneal, entre otros), se pudieran usar estos nuevos anticoagulantes, tras haber demostrado que son igual de eficaces y seguros que los más antiguos.

Sin embargo, ha denunciado el coordinador de esta red, José María Lobos, actualmente existen “inequidades importantes” entre comunidades, tanto a la hora de identificar a los pacientes “prioritarios” que deben ser tratados con estos fármacos como a la hora de indicar su uso, ya que en algunas “se han establecido criterios adicionales”. Esto hace que haya comunidades en las que, por ejemplo, no comienzan a usarse hasta después de sufrir un segundo ictus.

Además, hasta en ocho autonomías (Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Murcia y La Rioja) los médicos de Atención Primaria tienen limitada la prescripción de estos medicamentos y su uso se “restringe a determinados especialistas”.

ALGUNOS MÉDICOS NO LOS USAN “POR TEMOR O DESCONOCIMIENTO”

Estas “barreras” han dado lugar a “falsos mitos” sobre estos fármacos, ha añadido Jaime Masjuan, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, ante la creencia de que “si se está dificultando su uso es porque son más caros”, lo que hace que haya médicos que “no los usen simplemente por temor o desconocimiento”.

Este experto ha defendido que su precio –unos 90 euros por tratamiento mensual– es similar al de otros fármacos como los antidiabéticos orales o los inhaladores para el asma, con los que no ha habido tantos problemas para su financiación.

“Si hubieran aparecido en la época de vacas gordas, todos los habrían empezado a utilizar porque son más beneficiosos para el paciente”, ha añadido.

Además, ha insistido en que hay estudios que han demostrado su coste-efectividad a largo plazo. Como apunte, Masjuan ha señalado que en caso de producirse un segundo ictus, el coste de atender a un paciente puede ascender hasta unos 30.000 euros anuales, “siempre que sobreviva”, ha recordado.

De hecho, este experto ha reconocido que “su deber es informar” a sus pacientes de la existencia de estos fármacos ya que, con independencia de que se financien o no, pueden adquirirse libremente en las oficinas de farmacia.

CASI LA MITAD DEL PERSONAL DE ENFERMERÍA NO LO CONOCE

Por otro lado, esta red ha participado en un estudio del Consejo General de Enfermería que ha revelado que casi la mitad de estos profesionales no conoce estos nuevos anticoagulantes a pesar de que hasta un 51 por ciento admite visitar a pacientes con estos fármacos.

En el trabajo han participado cerca de 300 profesionales de Enfermería y, pese a su desconocimiento, el 73 por ciento de los profesionales admite que su uso ha supuesto una mejora en la calidad de vida de los pacientes, hasta un 65 por ciento percibe un mejor cumplimiento del tratamiento y un 52 por ciento cree que mejora su tolerabilidad, en comparación con los antivitamina K.

Además, el trabajo muestra además que los principales obstáculos de la anticoagulación clásica son las reiteradas visitas al centro de salud (18%), tener que partir la pastilla (17,3%), el cuidado de la alimentación (16,7%) o las interacciones con otros fármacos (15,9%).