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MADRID, 23 (EUROPA PRESS)

Los bebés prematuros, especialmente aquellos nacidos con muy bajo peso al nacer (MBPN), son particularmente vulnerables a la infección por citomegalovirus (CMV), por sus sistemas inmunológicos inmaduros. La infección por CMV, que puede causar una enfermedad grave y, en casos extremos, llevar a la muerte, tiene dos importantes fuentes potenciales: las transfusiones de sangre y la leche materna.

En un nuevo estudio publicado en 'JAMA Pediatrics', los investigadores han confirmado que la estrategia común de la transfusión de productos sanguíneos a los niños de MBPN que son CMV-seronegativos y leucorreducidos (productos sanguíneos con células blancas de la sangre limitados) previene eficazmente la transmisión del CMV a través de la transfusión de sangre, de forma que la leche materna se convierte en la principal fuente de infección por CMV post-natal entre los lactantes de MBPN.

El estudio clínico prospectivo involucró a 462 madres y 539 niños de MBPN en tres unidades de cuidados intensivos neonatales, entre enero de 2010 y junio de 2013. La mayoría de las madres tenían antecedentes de infección por CMV antes del parto (seroprevalencia de CMV del 76,2 por ciento). Los niños fueron inscritos a los cinco días del nacimiento y, en el momento de la inscripción, no habían recibido una transfusión de sangre.

Se analizó a los bebés en el momento del nacimiento para evaluar la infección congénita y, de nuevo, a intervalos de cinco adicionales entre el nacimiento y pasados 90 días, el alta o la muerte. Se encontró que un total de 29 de los 539 lactantes tenía la infección por CMV (incidencia acumulada de 6,9 por ciento a las 12 semanas).

Cinco recién nacidos con infección por CMV desarrollaron la enfermedad grave o murieron. Aunque se realizaron 2.061 transfusiones a 310 de los niños (57,5 por ciento), los productos de la sangre eran CMV-seronegativos y leucorreducidos, y ninguna de las infecciones por CMV se vinculó a la transfusión.

Un total de 27 de 28 infecciones adquiridas después del nacimiento sucedieron entre los bebés alimentados con leche materna CMV-positiva. Los autores estiman que entre uno de cada cinco y uno de cada diez niños con MBPN, alimentados con leche materna CMV-positiva de madres con antecedentes de infección por CMV desarrollarán la infección por CMV postnatal.

“Creemos que nuestro estudio es la mayor evaluación de ambas fuentes de infección postnatal por CMV, la transfusión de sangre y la leche materna, en los recién nacidos de MBPN”, subraya la primera autora Cassandra Josephson, del Centro de Transfusión y Terapias Celulares del Departamento de Patología y Medicina de Laboratorio de la Escuela Universitaria de Medicina de Emory y el Servicio de Salud de los Niños de Atlanta, en Estados Unidos.

“Anteriormente, el riesgo de infección por CMV mediante la transfusión de sangre de transfusiones seronegativas o leucorreducidas se estimaba en entre un 1 y un 3 por ciento. Hemos demostrado que el uso de componentes de la sangre que son CMV-seronegativos y leucorreducidos puede prevenir con eficacia la transmisión de CMV. Por lo tanto, creemos que éste es el método más seguro para reducir el riesgo de infección por CMV al dar transfusiones a neonatos con MBPN”, resume.

En la actualidad, la Academia Americana de Pediatría establece que el valor de la alimentación de forma rutinaria con la leche materna de las madres seropositivas por CMV a recién nacidos prematuros es mayor que los riesgos de la enfermedad clínica de CMV. Aunque la leche materna es la mejor fuente de nutrición para los bebés prematuros, los autores señalan que se necesitan nuevas estrategias para prevenir la transmisión de CMV de la leche materna ya que la congelación y descongelación de la leche materna no impidió completamente la transmisión en el estudio actual.

Entre los enfoques alternativos que plantean estos expertos para prevenir la transmisión de CMV mediante la leche materna están pruebas rutinarias serológicas de CMV en madres embarazadas para permitir el asesoramiento en relación con el riesgo de infección; una vigilancia más estrecha de los bebés con madres CMV-positivas y la pasteurización de la leche materna hasta una corrección de la edad gestacional de 34 semanas.

Aunque la mayoría de los niños que desarrollan la infección por CMV son asintomáticos en el periodo neonatal, una minoría desarrolla síntomas graves. La detección de rutina de la infección por CMV postnatal puede ser una estrategia potencial para ayudar a identificar a estos niños antes de desarrollen la enfermedad sintomática.