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Los niños con altos niveles de una proteína liberada a la sangre en respuesta a la infección se encuentran en mayor riesgo de desarrollar depresión y psicosis en la edad adulta, según concluye una nueva investigación que sugiere un papel del sistema inmune en la enfermedad mental. El estudio, publicado este miércoles en 'JAMA Psychiatry', indica que la enfermedad mental y las patologías físicas crónicas, como la coronaria y la diabetes tipo 2, pueden compartir mecanismos biológicos comunes.

Cuando estamos expuestos a una infección, por ejemplo, la gripe o un virus estomacal, nuestro sistema inmunitario se defiende para controlarla y eliminarla. Durante este proceso, las células inmunes inundan el torrente sanguíneo con proteínas como interleucina-6 (IL-6), un marcador que revela la infección, pero, incluso, cuando estamos sanos, nuestros cuerpos llevan trazas de estas proteínas, conocidas como marcadores inflamatorios, que se elevan exponencialmente en respuesta a la infección.

Ahora, los investigadores de este trabajo, liderados por la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, han llevado a cabo un estudio longitudinal para examinar la relación entre estos marcadores en la infancia y la enfermedad mental posterior. Estos expertos analizaron una muestra de 4.500 individuos del 'Estudio Longitudinal Avon de Padres e Hijos' tomando muestras de sangre a los 9 años y con un seguimiento hasta los 18 años para ver si sufrían episodios de depresión o psicosis.

El equipo dividió a las personas en tres grupos, dependiendo de si sus niveles cotidianos de IL-6 eran bajos, medios o altos y vieron que los niños del grupo de altos niveles tenían casi dos veces más probabilidades de haber experimentado depresión o psicosis que los de bajos niveles de IL-6. “Nuestro sistema inmunológico actúa como un termostato, a la baja la mayor parte del tiempo, pero activándose cuando tenemos una infección”, explica el director del estudio, Golam Khandaker, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge.

Y sigue: “En algunas personas, el termostato se ajusta siempre ligeramente más alto, comportándose como si tuviera una infección persistente de bajo nivel, de forma que estas personas parecen estar en mayor riesgo de desarrollar depresión y psicosis. Es demasiado pronto para decir si esta asociación es causal y estamos realizando estudios adicionales para examinar esta relación aún más”.

La investigación indica que las enfermedades físicas crónicas, como la coronaria y la diabetes tipo 2, pueden compartir un mecanismo común con la enfermedad mental. Se sabe que las personas con depresión y esquizofrenia tienen un riesgo mucho mayor de desarrollar patologías del corazón y diabetes, y se ha demostrado previamente que los niveles elevados de IL-6 incrementan el riesgo de enfermedades del corazón y diabetes tipo 2.

El profesor Peter Jones, jefe del Departamento de Psiquiatría y autor principal del estudio, subraya: “La inflamación puede ser un mecanismo común que influye tanto en nuestra salud física como mental. Es posible que la adversidad durante los primeros años de vida y el estrés lleven a un aumento persistente en los niveles de IL-6 y otros marcadores de inflamación en nuestro cuerpo, que, a su vez, incrementan el riesgo de una serie de enfermedades físicas y mentales crónicas”.

De hecho, el bajo peso al nacer, un marcador del desarrollo fetal, se asocia con un aumento de los niveles cotidianos de los marcadores inflamatorios, así como un mayor riesgo de enfermedades del corazón, diabetes, depresión y esquizofrenia en adultos.

Este potencial mecanismo común podría ayudar a explicar por qué se cree que el ejercicio físico y la dieta, formas clásicas de reducción del riesgo de enfermedades del corazón, también mejoran el estado de ánimo y ayudan a la depresión. Este equipo de científicos está planeando estudios adicionales para confirmar si la inflamación es un vínculo común entre las enfermedades físicas y mentales crónicas.

Este trabajo también apunta a maneras interesantes de tratar potencialmente enfermedades como la depresión: los fármacos antiinflamatorios, ya que estos hacen que los marcadores inflamatorios se sitúen en niveles normales. La investigación anterior ha sugerido que los fármacos antiinflamatorios como la 'Aspirina' utilizados con tratamientos antipsicóticos pueden ser más eficaces que sólo los propios antipsicóticos.

Un ensayo multicéntrico está actualmente en curso para determinar si el antibiótico minociclina, utilizado para el tratamiento del acné, se puede emplear para tratar la falta de capacidad de disfrutar, el retraimiento social, la apatía y otros de los llamados síntomas negativos en la esquizofrenia. La minociclina es capaz de penetrar la 'barrera sangre-cerebro', una barrera de permeabilidad altamente selectiva que protege el sistema nervioso central de sustancias potencialmente nocivas que circulan en la sangre.

Esta 'barrera hematoencefálica' está también en el centro de un rompecabezas planteado por la investigación como el estudio de hoy: ¿cómo puede el sistema inmune tener un efecto en el cerebro cuando muchos marcadores inflamatorios y anticuerpos no pueden penetrar esta barrera? Los estudios en ratones sugieren que la respuesta puede estar en el nervio vago, que conecta el cerebro con el abdomen.

Cuando el nervio vago es activado por los marcadores inflamatorios en el intestino, envía una señal al cerebro, donde las células inmunes producen proteínas como IL-6, que conducen a un aumento del metabolismo y, por lo tanto, disminución de los niveles de la serotonina u 'hormona de la felicidad' en el cerebro. Del mismo modo, las señales desencadenan un incremento de los productos químicos tóxicos como el óxido nítrico, el ácido quinolínico y el ácido quinurénico, que son negativos para el funcionamiento de las células nerviosas.