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MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

Cuando se piensa en los efectos nocivos de la exposición al plomo, por lo general vienen a la mente diversos problemas neurológicos. Sin embargo, ahora, investigadores de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, Estados Unidos, informan de un nuevo impacto para la salud: la obesidad.

Incluso en niveles bajos, el plomo está asociado con la obesidad en ratones cuyas madres estuvieron expuestas a esta sustancia, tal y como han encontrado científicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan. Específicamente, los ratones machos expuestos al plomo registraron un aumento de peso de entre un 8 y un 10 por ciento.

“Los datos apoyan la hipótesis de obesogenes sobre que la exposición a las sustancias tóxicas en el vientre materno contribuyen a una mayor tasa de obesidad”, señala la autora principal del estudio, Dana Dolinoy, profesora adjunta de Ciencias de Salud Ambiental en la Universidad de Michigan. “Hay ciertos productos químicos que se consideran el sello de la epidemia de la obesidad y el plomo no ha sido uno de ellos”, añade.

Investigación previa más reciente que ha llegado a vincular la exposición al plomo con el peso muestra una disminución del crecimiento fetal e infantil en niños humanos y obesidad en la edad adulta en los ratones. Pero el estudio de la UM es, según sus autores, el primero en examinar cómo lo que ingiere una madre, incluso antes del embarazo, afecta a su descendencia.

Dolinoy y los miembros de su laboratorio han encontrado en su trabajo, que se publica en el último número de 'Plos One', que, a menudo, el inicio de la vida es el momento en el que la exposición química es más impactante. En el estudio, las ratas madres fueron expuestas al plomo a través del agua potable, dos semanas antes del apareamiento y, posteriomente, durante todo el embarazo y la lactancia.

Los científicos analizaron sus camadas a los 3, 6 y 9 meses de edad para ver el gasto de energía, la actividad espontánea, la ingesta de alimentos y el peso corporal y la composición. A la edad de 9 meses, se les realizaron las pruebas de tolerancia a la glucosa, además de que se determinaron los impactos específicos del sexo en todas las medidas.

Los grupos de ratones fueron expuestos al plomo en 0,0 partes por millón (ppm) para el grupo control, 2,1ppm, 16 ppm o 32 ppm. Los niveles de plomo en la sangre materna (BLL, por sus siglas en inglés) examinados durante el destete se encontraban por debajo del nivel de detección en el caso del grupo control y 4,1 (+- 1,3) microgramos por decilitro (mg/dL), 25,1 (+- 7,3) g/dL y 32,1 (+- 11,4) g/dl, respectivamente, en los otros grupos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos ha establecido un nivel de referencia de 5 mg/dL para identificar a los niños que han sido expuestos al plomo, pero no se ha identificado un nivel de BLL seguro en niños.

Los investigadores detectaron que al inicio de la vida, los machos en los dos grupos de exposición más altos superan a los controles, además de que los machos registraron un incremento de la grasa corporal en todas las dosis a partir de los tres meses de edad.

En general, ambos sexos expuestos a la dosis más alta comieron más que el grupo de control, con los machos presentando una mayor ingesta de comida a los 6 meses de edad y las hembras un consumo creciente a los 9 meses de edad. Los machos expuestos a esta sustancia tóxica presentaron niveles de insulina deteriorados a los 9 meses de edad.

Aunque las hembras parecían más activas durante un tiempo, no hubo un aumento significativo en la actividad espontánea de cualquier sexo. En términos de gasto de energía, ambos sexos presentaban disminución en el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono a medida que envejecían, con las hembras registrando un mayor gasto energético a los 3 meses de edad y los machos, menor gasto de energía a los 9 meses de edad.

Desde hace varios años, los científicos han detectado peligros de la exposición al plomo, dando lugar a la prohibición de la sustancia química en productos como la pintura y la gasolina, pero todavía está presente, por ejemplo, en las casas antiguas y en el aire, el agua, el suelo, los alimentos y los productos de consumo.

Los investigadores utilizaron una amplia gama de niveles de exposición para que coincidiera más estrechamente con la experiencia humana. Sin embargo, los niños nacidos en el 'baby-boom' y otros adultos mayores han sido expuestos en ocasiones a niveles mucho más altos, en promedio, antes de que se impusieran algunas de las prohibiciones del plomo.

Por ejemplo, en 1978, cuando el plomo fue prohibido en la pintura en Estados Unidos, el promedio nacional de BLL era 15 mg/dl y el “nivel de preocupación” de los CDC se situó en 30 mg/dl. Sin embargo, los niveles de exposición de hoy en día están más cerca de la dosis más baja utilizada por el equipo en este trabajo.

El autor principal del estudio, Christopher Faulk, becario de investigación en el laboratorio de Dolinoy sobre Epigenética Ambiental y Nutrición, subraya que antes del estudio no apreciaba plenamente los peligros de la exposición. “Ver que el nivel I y otros que han sido considerados muy bajos tienen tal significación estadística en este estudio es alarmante. No hay un nivel mínimo de seguridad para el plomo. Nuestra investigación apoya esta realidad”, advierte.