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MADRID, 30 (EUROPA PRESS)

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, dicen que han descubierto una alteración química en un solo gen humano relacionada con las reacciones de estrés que, si se confirma en estudios más amplios, podría traducirse en un análisis de sangre para predecir de forma fiable el riesgo de intento de suicidio de una persona.

El descubrimiento, que se describe en la edición digital de 'The American Journal of Psychiatry', sugiere que cambios en un gen involucrado en la función de la respuesta del cerebro a las hormonas del estrés juega un papel importante en la transformación de lo que de otra forma podría ser una reacción poco notable a las tensiones de la vida cotidiana en los pensamientos y comportamientos suicidas.

“El suicidio es un problema de salud pública prevenible, pero nuestros esfuerzos de prevención se han bloqueado porque no tenemos una forma consistente de predecir quiénes están en mayor riesgo de quitarse la vida –explica el líder del estudio, Zachary Kaminsky, profesor asistente de Psiquiatría y Ciencias Conductuales en Johns Hopkins–. Con una prueba como la nuestra, podremos contener las tasas de suicidio mediante la identificación de las personas e intervenir con suficiente antelación para evitar una catástrofe”.

Para su serie de experimentos, Kaminsky y sus colegas se centraron en una mutación genética en un gen conocido como SKA2. Al observar muestras de cerebro de enfermos mentales y sanos, los investigadores encontraron que en las muestras de individuos que habían muerto por suicidio, los niveles de SKA2 se redujeron significativamente.

Dentro de esta mutación común, vieron en algunos sujetos una modificación epigenética que altera la forma en la que funciona el gen SKA2 sin cambiar la secuencia de ADN subyacente del gen y que añade químicos llamados grupos metilo al gen. Los expertos encontraron niveles más altos de metilación en los mismos sujetos del estudio que se habían suicidado y la presencia de niveles más altos de metilación entre los fallecidos por suicidio se replicaron en dos cohortes cerebrales independientes.

En otra parte del estudio, los investigadores analizaron tres conjuntos diferentes de muestras de sangre, con el más grande que involucró a 325 participantes del Centro Johns Hopkins para el Estudio y la Investigación de la Prevención que detectó aumentos de metilación similares en SKA2 en individuos con pensamientos o intentos de suicidio.

Luego, diseñaron un modelo de análisis que predice cuál de los participantes estaba experimentando pensamientos suicidas o había intentado suicidarse con un 80 por ciento de certeza. Así, predijeron a las personas con el riesgo más grave de suicidio con un 90 por ciento de exactitud y, en el conjunto de datos más pequeño, identificaron con un 96 por ciento de precisión si un participante había intentado suicidarse, según los resultados del análisis de sangre.

El gen SKA2 se expresa en la corteza prefrontal del cerebro, que está implicada en la inhibición de pensamientos negativos y el control del comportamiento impulsivo. SKA2 es específicamente responsable de acompañar a los receptores de las hormonas del estrés en los núcleos de las células para que puedan hacer su trabajo.

Si no hay suficiente SKA2 o se altera de alguna manera, el receptor de la hormona del estrés no es capaz de suprimir la liberación de cortisol en todo el cerebro. Investigaciones anteriores han demostrado que dicha liberación de cortisol es anormal en personas que intentan o cometen suicidio.

Kaminsky considera que una prueba sobre la base de estos resultados podría utilizarse para predecir mejor futuros intentos de suicidio. A su juicio, podría tener sentido usarla, por ejemplo, en el Ejército para estudiar si los miembros tienen la mutación genética que los hace más vulnerables y poder controlar a las personas en riesgo al regresar a casa, o en una sala de emergencia psiquiátrica como parte de una evaluación del riesgo de suicidio.

“Hemos encontrado un gen que pensamos que podría ser realmente importante para identificar sistemáticamente una serie de comportamientos de pensamientos suicidas. Necesitamos estudiar esto en una muestra más grande, pero creemos que podríamos analizar la sangre para identificar a personas en riesgo de suicidio”, concluye.