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MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

Tres de cada cuatro traumatismos craneoencefálicos se producen como consecuencia de accidentes de tráfico y el verano es la época del año con más casos, siendo más frecuentes en hombres menores de 30 años cuando van al volante, según ha alertado el doctor Luis Gangoiti, director médico del Instituto de Rehabilitación Neurológica NeuroMadrid.

El número de traumatismos casos tiene una correlación con el número de desplazamientos por carretera, algo a tener en cuenta dado que la Dirección General de Tráfico (DGT) prevé cerca de 80 millones de desplazamientos de largo recorrido por carretera este verano, periodo en que en los últimos años se han registrado unos 235 fallecidos y cerca de 2.000 heridos graves.

Al hablar de daño cerebral, el doctor Gangoiti hace una distinción entre dos tipos, primario y secundario. El primero de ellos se produce por colisiones a alta velocidad debido que afectan a las estructuras neuronales que se golpean, tanto en el plano directo como en el posterior.

“Esta lesión por golpe-contragolpe puede empeorar si además se añaden fuerzas de rotación y desaceleración, provocando una lesión axonal difusa o hemorragias intracraneales”, ha explicado Gangoiti.

Posteriormente se establece el daño secundario, que puede continuar durante un período prolongado. La lesión cerebral secundaria es la principal causa de muerte hospitalaria tras un TCE, y la mayoría son causadas por el aumento de la presión intracraneal y “la consiguiente disminución de la perfusión cerebral que conduce a isquemia y empeora el daño primario”.

En cualquier caso, este experto recuerda que las lesiones cerebrales son “muy complejas” y cualquier tipo de función sensorial, cognitiva, conductual, motora o autonómica puede verse amenazada.

Muchas de estas complicaciones aparecen los primeros días tras el accidente, pero pueden descubrirse también incluso meses después de la lesión, según la gravedad inicial. Sin embargo, “otras secuelas se desencadenan a largo plazo; todas estas consecuencias pueden aparecer solas o combinadas, y son variables en lo que respecta a sus efectos en cada paciente y su núcleo familiar”.

EL ENTORNO TAMBIÉN SE VE MUY COMPROMETIDO

“La calidad de vida del paciente y su entorno se ve muy comprometida, no sólo por los trastornos motores, sino también por problemas de memoria y dificultades de atención y concentración, fallos en el uso del lenguaje y la percepción visual, así como incapacidad de resolución práctica de problemas”, ha explicado.

Además, reconoce que no es infrecuente ver pacientes que producen a sus familiares agresiones verbales y físicas, y presentan otras anomalías como agitación, dificultades de aprendizaje, poca conciencia del daño, alteraciones del funcionamiento sexual, impulsividad y desinhibición social.

Y también son habituales los trastornos de humor, los cambios de personalidad, las alteraciones del control emocional, la depresión y la ansiedad. “Las consecuencias sociales de las lesiones neurológicas incluyen un mayor riesgo de suicidios, divorcios, desempleo crónico, presiones económicas y drogodependencia. Estas consecuencias son terribles tanto para los afectados como para sus familias”, explica el experto.

La buena noticia, manifiesta el doctor Gangoiti, es que cualquier daño neurológico traumático es potencialmente tratable gracias a la activación de los mecanismos de respuesta de que dispone el sistema nervioso, y que con un programa de neurorrehabilitación posterior al alta hospitalaria, como parte de un proceso continuo y sin interrupción, se consigue alcanzar una respuesta óptima en el menor tiempo posible en la práctica totalidad de los pacientes tratados.