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BARCELONA, 30 (EUROPA PRESS)

El consejero delegado de Banco Sabadell, Jaume Guardiola, ha insistido en que su entidad no va a comprar Catalunya Banc porque considera que ya ha hecho “muchas adquisiciones” durante la crisis, y ha sostenido que los clientes saldrían ganando si fuese un inversor o un banco extranjero como el Deutsche Bank –entre otros– el que se hiciera con el control del banco nacionalizado.

“Si acaba en manos de alguna entidad que tiene mucha implantación en Cataluña, esto comportaría necesariamente muchos cierres de oficinas, y esto reduciría la oferta financiera a la gente de la calle”, ha argumentado este miércoles en declaraciones a Catalunya Ràdio recogidas por Europa Press, donde ha mencionado La Caixa, el BBVA y su propio banco como los tres con mayor presencia en la comunidad catalana.

Guardiola ha hecho una defensa del expresidente de Catalunya Banc Adolf Todó y de su equipo, asegurando que fueron “parte de la solución y no del problema” y que se encontraron con una entidad muy hundida y con unas pérdidas latentes enormes.

“Es un profesional de mucha altura, es difícil encontrarle cosas que haya hecho mal desde el punto de vista de la gestión estrictamente técnica”, ha asegurado.

A pesar de ello, ha reconocido que en las cajas de ahorro han pasado “cosas escandalosas”, pero ha lamentado que esta pérdida de prestigio social se haya extendido a todo el sistema financiero.

“Las cosas que hemos visto en la CAM son un poco indefinibles”, ha argumentado, poniendo como ejemplo que la entidad absorbida por el Sabadell llegó a celebrar un consejo de administración de 60 personas en Brasil.

MADRID

Sobre la bajada fiscal anunciada por la Comunidad de Madrid y el aumento de las tasas que pretende aprobar Cataluña, Guardiola ha dicho que le “cuesta digerir” que los madrileños paguen menos impuestos.

“Si eres contribuyente fiscal y, por un sistema de financiación mal dibujado, debes pagar más impuestos, cuesta de digerir”, ha argumentado.

En ese sentido, ha alertado de que si este diferencial se mantiene de forma estructural, puede comportar riesgos de caída para la economía catalana, así como una “deslocalización fiscal”.

Precisamente, ha considerado imprescindible que el Gobierno central y la Generalitat retomen el diálogo y no vayan a “posiciones extremas” –por ninguna de las dos partes–, y que en este clima de negociación se ponga sobre la mesa una mejora del sistema de financiación.