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El I Congreso Internacional Verniano rompe con algunos clichés sobre el autor

Con el Institut d'Estudis Catalans (IEC) como anfitrión, el congreso cuenta con conferencias magistrales de tres de los más veteranos investigadores sobre Verne, el francés Jean Michel Margot, el alemán Volker Dehs y el italiano Piero Gondolo della Riva.

El presidente de la Sociedad Hispánica, el cubano afincado en Canadá Ariel Pérez, ha explicado a Efe que “Verne, un escritor decimonónico, revolucionó el tema de la presentación de la ciencia dentro de la literatura, fue el primero en novelar la ciencia”.

En contra de lo que se pensó durante mucho tiempo, los especialistas, continúa Pérez, han concluido que “Verne no es sólo un autor de novela de ciencia ficción y aventuras destinado al público juvenil, sino que sus novelas pueden ser leídas por adultos”.

La vigencia de Verne en España queda demostrada, recuerda Pérez, por la publicación en los últimos años de obras inéditas en castellano como “San Carlos y otros relatos” (Erasmus Ediciones) o “El ácrata de la Magallania”, “novela original de Verne, que fue modificada por su hijo Michel y que se publicó póstumamente como 'Los náufragos del Jonathan'”.

La vigencia de Verne se explica en gran parte “por su pedagogía de la ciencia y por su universalidad” y además por “su calidad literaria, a pesar de que en su época fue considerado como un escritor mediocre”.

Los estudios que en los años sesenta iniciaron expertos como Gondolo o Margot han matizado asimismo el carácter de “visionario” o “profeta” que se dio al escritor francés.

“Los expertos han podido constatar que Verne tuvo conocimiento de muchos de los adelantos de su época a través de las publicaciones científicas y los imaginó más allá de su tiempo”, dice Pérez.

Sin embargo, algunas “coincidencias asombrosas” dejan abierto el camino a la especulación por el hecho de que, por ejemplo, en “De la tierra a la luna” sitúa el lanzamiento de la nave en unas coordenadas similares a Cabo Cañaveral.

En “Los 500 millones de la Bégum” Verne incluye un personaje alemán que avasalla a los pueblos a los que quiere conquistar, una obra que, comenta Pérez, se publicó el mismo año en el que nació Hitler.

Sin embargo, una gran parte del fundamento de sus libros se encuentra en sus lecturas como “La vuelta al mundo en 80 días”, para el que Verne se basó en el cuento “Tres domingos por semana”, de Edgar Allan Poe.

Otras obras parten de sus numerosas notas y cuadernos de viaje que supuestamente Verne habría quemado al final de su vida: “es una falsa leyenda, pues Gondolo compró parte de estos originales al tataranieto de Verne y luego los vendió a Amiens, en cuya biblioteca municipal se conserva y que son en gran parte inéditos”.

En el congreso también se rompe la idea de que Verne escribió e imaginó su obra desde su casa: “Muchas de sus obras proceden de sus viajes y de sus más de treinta escapadas con sus barcos, aunque muchos lugares descritos en sus novelas los extrajo de libros de exploración o de viajes”.

El especialista Joan Manuel Soldevilla propone en el congreso una visión novedosa de la influencia de la obra de Julio Verne en el popular cómic “Tintin”, a pesar de que el autor belga Hergé siempre la negó en todas sus entrevistas.

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