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La escritura fronteriza de Caballero Bonald

“Aunque toda la crítica lo incluye en la Generación del 50, ahí figura como un verso suelto, él persiste en la línea del realismo simbólico, no en la del realismo social; más cerca de autores como Barral y Valente pero, desde el punto de vista estilístico, más alejado de otros como Ángel González, pese a haber sido más amigo suyo”, ha explicado García Morilla.

También es “fronterizo” en cuanto a generaciones, ya que García Morilla considera al último Premio Cervantes como “un puente” entre la del 50, también llamada Generación del Medio Siglo, y los Novísimos, que surgen al final de los años sesenta.

Ese carácter “fronterizo” de la literatura de Caballero Bonald lo lleva, según García Morilla, a mantener más conexiones con poetas varias generaciones posteriores, como es el caso de Luis García Montero, quien ha reconocido el magisterio del jerezano, que con poetas de su propia generación.

Y, en su novelística, a ser más próximo a otras corrientes narrativas como la de los narradores andaluces de los años sesenta, especialmente con Alfonso Grosso, con quien le une un estilo exuberante y barroco “en el más noble sentido de la palabra”, según ha matizado García Morilla.

La preocupación estilística de Caballero Bonald, como lo fue la de Góngora, “hace que trate de llevar a los límites la capacidad expresiva” del lenguaje, si bien su estilo, ha señalado el profesor, “ha evolucionado, desde verse atenuado por las circunstancias históricas, como en la novela 'Dos días de septiembre', a expandirse en 'Ágata ojo de gato' o llegar a la contención voluntaria de 'Campo de Agramante'”.

En ese último título es en el que, según García Morilla, hace Caballero Bonald una fusión de realismo y simbolismo, con un protagonista con un padecimiento medio fisiológico, medio psicológico que le hace escuchar los sonidos antes de que se produzcan, o sea “hechos extraordinarios en medio de la cotidianeidad”.

No obstante, el profesor ha insistido en que, en el caso de Caballero Bonald, “su escritura es el estilo; los temas y el contenido son muy secundarios con respecto al tratamiento formal”.

Esa voluntad de estilo ha hecho que novelas en la línea del realismo social como “Dos días de septiembre” hayan escapado a la clasificación “más prosaica y vulgar del realismo social” y sea una obra que “aún tiene vigencia”.

Estudioso también de su poesía, a la que dedicó hace unos años parte de su tesis doctoral, García Morilla ha destacado que tanto la novelística, el memorialismo y la poesía de Caballero Bonald son “una aproximación crítica al conocimiento de la realidad a través de la memoria”.

La concesión del Premio Cervantes al escritor jerezano, según García Morilla, fue algo “doblemente merecido” porque se trata de “un narrador cervantino”.

“Cervantes ha sido su maestro no solo en el arte narrativo, sino también en la poesía; el propio Caballero Bonald ha reivindicado al Cervantes poeta, y sobre todo ha reivindicado todo la capacidad poética del narrador, porque él mismo es un poeta que escribe narraciones, siempre preocupado por la voluntad de estilo, por la palabra bien dicha”, ha concluido.

Alfredo Valenzuela

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