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Una muestra explora en México los inicios en la pintura de Rufino Tamayo

“Con estas obras vemos por qué llegó a ser lo que fue y qué cosas dejó de lado al convertirse en Tamayo con T mayúscula, al conformar una identidad más madura, rica, e incluso comercial”, explicó a Efe Karen Cordero, curadora de la muestra.

Explora por tanto la producción artística de este artista (nacido en 1899 y fallecido en 1991) entre los años veinte y treinta, a través de 70 obras procedentes de colecciones institucionales y privadas en México y EE.UU., tanto de su autoría como de sus contemporáneos.

“La idea es mostrar la relación de la producción de Tamayo en este periodo con las diferentes ideas y propuestas para construir un arte mexicano moderno que se estaba dando en esta época”, explicó la historiadora del arte.

Con esta finalidad, añadió, se realizan comparaciones con autores de su época con los que convivió y cuyas tendencias de alguna manera “entran en diálogo” con sus propuestas.

Así, hay obras de Antonio Ruiz, Agustín Lazo, Manuel Rodríguez Lozano, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, María Izquierdo o Manuel Álvarez Bravo.

La muestra, que se expone en el museo que lleva el nombre del muralista, está dividida en cinco secciones.

La primera tiene que ver con el trabajo de Tamayo en el marco de un método de dibujo que se lanzó en México en los años 20, el Best Maugard, basado en los motivos de arte popular y que, explicó Cordero, “busca crear un arte mexicanista con base en elementos formales y colorísticos”.

La segunda sección tiene que ver con las escuelas de pintura al aire libre en las que Tamayo no participo directamente, pero su obra muestra muchas semejanzas con estas escuelas que buscan alternativas a las técnicas de dibujo como el uso sintético del color y el empastado de la pintura.

En una tercera sección se estudia el manejo del objeto y se puede ver el “profundo interés” de Tamayo en explorar cómo cambió la cultura material de su entorno con el paso de un ámbito principalmente rural a un ámbito más urbanizado.

La cuarta aborda el manejo del desnudo femenino y del cuerpo a través de una estética basada en la pesadez de los motivos corpóreos en el arte prehispánico.

En una última parte se habla del diálogo de Tamayo con las tendencias de arte y política de su tiempo, a las que se acercó a través de la ironía, y con una especie de crítica al muralismo y a las tendencias monumentalistas del arte nacional.

En opinión de Cordero, aunque Tamayo siempre ha sido criticado por haber abordado los temas sociales con menos frecuencia que otros grandes muralistas, en su obra sí se aprecia que lo hacía, pero “de formas más sutiles, cifradas, en el manejo de los mismos elementos plásticos”.

Según recordó la curadora, la producción más nutrida como muralista de Tamayo se da a partir de los años 40 y 50, una etapa en la que despega como figura más pública a nivel internacional, en el contexto de la internacionalización del arte mexicano con la industrialización del país tras la segunda guerra mundial.

Así, esta muestra es una manera perfecta de entender “tendencias posteriores de Tamayo, desde dónde le vienen ciertas ideas sobre el colorido o la abstracción”,

“Se puede ver la gran destreza de Tamayo como pintor, la calidad y la sutileza de su manejo de la pintura, tanto en formas que podemos entender desde una perspectiva conceptual como atrevimientos formales, poco comunes en su época”, añadió la curadora.

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