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La frustración del hijo de un 'Karajan' casi olvidado

Ataúlfo Argenta (Castro Urdiales, Cantabria, 1913), falleció una mañana de enero de 1958, cuando tenía 44 años, en un accidente. Fue un mazazo, un golpe “tremendo” e inesperado para su familia y para muchos de quienes lo conocieron y trabajaron con él.

Por ejemplo, a los pianistas Alicia de Larrocha y Joaquín Achúcarro la noticia los sorprendió y sobrecogió en Viena, en la oficina de su representante.

El día que murió Ataúlfo Argenta se malogró una carrera que empezaba a brillar fuera de España, pues, tal y como han comentado intérpretes, compositores y críticos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander, estaba llamado al Olimpo de la dirección de orquesta y, de haber vivido más tiempo, se encontraría hoy al nivel de los más grandes, como Von Karajan o Bernstein.

Su hijo, Fernando Argenta, asegura, en una entrevista con Efe que, cuando le llegó la muerte, a su padre “no le había dado tiempo a prácticamente nada”, ni “a un 10 por ciento” de todo lo que podría haber dado al público.

El músico y divulgador también ha participado en el foro que la UIMP ha dedicado a Ataúlfo Argenta y ha asistido a recitales que el Festival Internacional de Santander ha programado en la “Semana Argenta”, con motivo del centenario del nacimiento de este director.

Fernando Argenta agradece profusamente la notoriedad que está teniendo en Cantabria esta efemérides, y ve normal que, fuera de su comunidad de origen, la figura del director esté casi olvidada.

“Si en lugar de morir a los 44 años hubiera muerto a los 50, con cinco años más, mi padre hubiera sido un boom y hoy se le recordaría en todo el mundo”, considera.

Fernando Argenta aprendió a amar la música en su hogar, desde la admiración a un padre que despertaba aplausos y ponía al público en pie. “Y yo lo que encontraba raro es que mis amigos no supieran quién era Beethoven”, bromea.

Su padre falleció cuando no era más que un niño de 12 años, pero hoy día, cuando ha pasado ya los sesenta, Fernando Argenta aún siente “cierta frustración”, por no poder contribuir más a que su recuerdo perdure.

“El ser hijo de Ataúlfo Argenta ha sido, por una parte, una especie de losa, en el sentido de que no se perdiera su memoria”, confiesa este músico, que fue presentador de radio y televisión, con programas como “El Conciertazo”.

Señala que de su padre solo hay fotografías, y no se le ve más que en un minuto de No-Do, dirigiendo, porque en esa época la televisión “prácticamente ni existía” en España.

Fernando Argenta reconoce que todos esos pensamientos los lleva dentro, pero siente “como una necesidad de sacarlo y decir quién fue Ataúlfo Argenta”, un director que trabajó con grandes intérpretes, como Yehudi Menuhin, Elisabeth Barkoff, Pilar Lorengar, Teresa Berganza o Joaquín Achúcarro.

“Es una especie de frustración, y de ganas de decir a la gente: 'si lo hubieran visto dirigir, no haría falta que me preguntaran'”, resalta.

De su padre, Fernando Argenta recuerda, sobre todo, lo gracioso que era, pese a que en el podium y con la batuta no admitía chistes. Y amaba la vida, según su hijo, en parte por los tiempos duros que le tocaron vivir: una Guerra Civil, una posguerra y la Segunda Guerra Mundial.

Pilar Palazuelos

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