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“Nunca he hecho una tragedia de mis sacrificios por el piano”, asegura Achúcarro

El amor al piano que le ha dado fama mundial justifica para él cada renuncia de su juventud, por ejemplo a acercarse al mar o la montaña, que le atraían “muchísimo” y que muchas veces quedaron relegados en pos de los ensayos.

Pero si tuviera que volver la vista atrás, Achúcarro (Bilbao, España, 1932) no cambiaría nada. “¡La de cosas que me ha contado el piano, y me las sigue contando!”, subraya risueño, en una entrevista con Efe.

Desde 1990 este intérprete es el titular de una cátedra en la Universidad Metodista de Dallas (Estados Unidos), donde, según explica, se ve obligado a comprimir en una semana lo que otros profesores imparten en un mes.

Y cuando tiene esas clases, que empiezan sobre las nueve de la mañana, Achúcarro empieza a estudiar “a las seis”. “Es lo que llamo ponerme mi dosis de droga”, apostilla.

En todos los años que ha dedicado al piano, y desde que ganó el Concurso Internacional de Liverpool en 1959, este artista no ha perdido la ilusión antes de iniciar un concierto.

Según apunta, esa responsabilidad con el público “cada vez va a peor”, y siempre le acompaña “con un deseo enorme” de que salga lo que él tiene en mente.

“Que salga lo que debe salir: ofrecer a los que vienen al concierto lo que yo creo que los compositores querían que les diese”, recalca.

Pese a sus 80 años, este pianista, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en España, se encuentra “perfectamente” e, incluso, disfruta de los viajes (en la última temporada ha recorrido en avión 200.000 kilómetros, a uno y otro lado del charco).

Achúcarro continúa lleno de proyectos. “Hoy dormiré en Bilbao (norte de España), mañana en Torroella de Montgri (Gerona, noreste), que hay otro festival en el que llevo tocando 25 años, y al día siguiente estaré en Dallas” (EE.UU), detalla desde la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en Santander (norte de España)

También viajará a Suiza y Ecuador para ofrecer conciertos, estará en el Festival de los Jacobinos de Toulouse (Francia), y tiene dos citas importantes en noviembre: en el Auditorio Nacional en Madrid, por el vigésimo quinto aniversario de esta gran sala, y en el Teatro de la Zarzuela de la capital española con un programa de Beethoven.

El año que viene Achúcarro tiene previsto tocar en China, Gran Bretaña o América. Y para afrontar tan apretada agenda comparte su particular receta.

“Yo creo que cada artista tiene su manera de velar las armas antes de un concierto, pero casi todos coincidimos en que hay que dormir y concentrarse”, señala el intérprete, antes de confesar su propósito de “seguir aprendiendo”, como corresponde a alguien que, de no haberse dedicado al piano, hubiera querido ser investigador.

En Santander, Achúcarro ha participado en un foro de la UIMP, que, por el centenario de su nacimiento, ha recordado al director de orquesta español Ataúlfo Argenta, fallecido en 1958 en un accidente, con 44 años.

Además, ha ofrecido un recital en el Festival Internacional de Santander (FIS) dedicado a la figura de Argenta, con un programa de Mozart, Schumann, Granados, Albéniz y Ravel, que Achúcarro iba a afrontar como si fuera una tarde “de toros”.

Achúcarro considera que la muerte temprana de Argenta, director de la Orquesta Nacional de España desde 1947 hasta su muerte, fue “un desastre nacional”, y destaca su “carisma absoluto”.

Pilar Palazuelos

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