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La venta ambulante en la localidad está prohibida. A día de hoy, sólo es posible con un puesto fijo en el mercadillo de los viernes. Pero, durante el verano, el número de personas que optan por obviar la normativa impuesta por el Ayuntamiento aumenta, y son muchos los megáfonos que ofertan «ricos melones y sandías» o «tomates a tan sólo un euro señora».