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Un público “sin complejos” nombra a Supersubmarina estrella del Sonorama 2013

Lo ha dicho hoy Javier Ajenjo, director de este veterano foro musical de Aranda de Duero, ante el cierre de la edición número 16, la más trabajada de su historia, según ha confesado, que se ha saldado con una asistencia media por jornada de 10.000 personas, que en este último día han disfrutado de otros importantes conciertos a cargo de Standstill, Xoel López y The New Raemon, entre otros.

Sea como fuere, la diferencia en el volumen de público congregado ante Supersubmarina ha sido ostensiblemente superior, no ya respecto a las citadas bandas, sino en comparación incluso con el número de personas que asistieron ayer al multitudinario show de los británicos Travis, una cita exclusiva en España que no se repetía desde hacía años.

“Este festival es una puta pasada”, corroboraba José Chino, el cantante, después de que masas de gente corrieran literalmente a ocupar un sitio ante los acordes de “Eléctrico” y “Hogueras”, con ese pop-rock guitarrero, limpio y ágil, que se mueve en la fina línea entre lo alternativo y lo comercial, lo que a veces les ha generado susceptibilidades de otra parte del público.

Durante su espectáculo, en horario estelar, ha habido tiempo para repasar sus dos discos en el mercado, el más oscuro “Santacruz” (2012) y el origen del fenómeno, “Electroviral” (2010), del que también han sonado clásicos como “Supersubmarina” en pleno éxtasis popular.

Pero además de este grupo de Baeza, que ayer ofreció un concierto sorpresa en el centro de la ciudad, recordando el que dieron hace tres años en el mismo lugar y que supuso su espaldarazo, ha habido otros “momentos Sonorama” a destacar.

Por ejemplo, el espectáculo no solo musical sino también visual de Standstill, “Cénit”, con cinco grandes pantallas en forma de arcos góticos de iglesia, idóneas para proyectar imaginería mística, a ratos apocalíptica, tan al hilo de su estilo post-hardcore preciosista y un poco medieval, que ha retumbado especialmente con “Nunca, nunca, nunca” y la doble batería a ocho manos.

Ha habido más instantes clavados en la retina y el tímpano, como la escalada guitarrera de Havalina, apenas empezada la jornada, poniendo a prueba la resistencia de sus cuerdas. Y si la banda se pasa de tiempo y la organización le baja el volumen, el público, con ganas de más, jalea con palmas al trío para que sigan adelante con sus “Incursiones”.

El siguiente en tocar ha sido Xoel López, un habitual del Sonorama, que ha llegado esta vez sin el alias de Deluxe, pero con la vitola de gran triunfador de los últimos Premios de la Música Independiente gracias a su “Atlántico”, un disco de dinámica pop y fondo de folk, anclado entre las dos orillas de ese océano.

Con él se ha instalado la fábula y hasta el ukelele en Aranda. Canciones como “Hombre de ninguna parte” o “Caballero” han sonado grandes, bellas, irresistibles para la audiencia, que ha celebrado también los clásicos de su anterior etapa más pop, como “Historia universal (el amor no es lo que piensas)” y “Réquiem (no fui yo)”.

Aún ha habido más momentos únicos para la historia propia del Sonorama, como la actuación combinada de Maga y The New Raemon, con Ramón Rodríguez brillante en el apartado vocal, o el concierto de L.A., que presenta este año un disco en estado de gracia.

Así ha llegado la madrugada y el final de la decimosexta edición. Ha sido este un año muy complicado. Dicen sus responsables que, cuando llega ese momento, nunca saben si habrá otro. Pero también dicen, guiados por su profunda fe y compromiso con la música, que “aquí en Sonorama siempre sale el sol”.

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