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Félix Grande reconoce que pidió “socorro a las palabras ante el terror y el miedo”

“Mi madre trabajaba en un hospital, ella se alimentaba del terror de los bombardeos y del de su oficio, que era cuidar a los moribundos o cerrar los ojos a los que morían”, asegura el poeta en una entrevista con Efe.

Premio Nacional de las Letras y de Poesía, Grande fue en su adolescencia pastor de cabras, y, de hecho, sus poemas conservan algo de esa España rural que inspiró a poetas como Miguel Hernández.

“Fui más pastor que Miguel Hernández y durante mucho más tiempo, pero soy mucho menos poeta”, bromea el escritor, que esta semana ha dirigido un curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), bajo el nombre “Memoria y celebración del flamenco”.

Sobre aquella etapa habla Félix Grande (Mérida, 1937) en “La balada del abuelo Palanca”. “Creo que es el mejor libro que he escrito en mi vida”, afirma el poeta, que en esta obra acerca las vivencias que compartió con su abuelo cuando cuidaban de un rebaño de 17 cabras y un macho cabrío.

A pesar de los premios, Grande estuvo sin escribir poesía durante más de cuarenta años, “un silencio” que rompió cuando hace algo más de un año publicó “Libro de familia”, un poemario en el que reflexiona sobre los pilares básicos de su vida con un estilo muy libre.

Le cuesta encontrar el porqué de esa renuncia temporal y baraja varias hipótesis porque asegura que hay una razón: “Una causa trivial no la encuentro y, si es trivial, no es verdadera”.

“Si me veo forzado a interpretar ese silencio, me doy cuenta de que durante ese tiempo es cuando he escrito todos los libros sobre el flamenco, un par de miles de páginas. (…) Ha sido como una manera de pedirle perdón a la guitarra por haberla dejado en manos de Paco de Lucía, como otros dos o tres mil aficionados españoles que fuimos a la cuneta”, argumenta.

Un Félix Grande que se percata de que mucha gente a la que admira ha sido perseguida y que no duda en posicionarse ante el devenir de los tiempos, preguntándose cuántos españoles sufren hambre y humillación hoy.

“De qué lado te vas a poner si ya sabes lo que es perder una guerra, soportar una dictadura, soñar con una democracia y defenderla contra los golpistas. Si has vivido así, no te puedes poner del lado de Bárcenas y sus cómplices”, argumenta el poeta.

Precisamente, sobre el dolor de la injusticia habla, según Félix Grande, el flamenco. Una música capaz de conectar con la esencia de las emociones del ser humano, hecha por gente que ha sido “perseguida, marginada y despreciada”, que ha vivido en “la miseria” y que han sido considerados “los deshechos del capitalismo”.

“Es de ahí de donde sale el flamenco. En la historia de los grandes creadores flamencos, no hay ni uno que haya dormido en sábanas de seda”, dice,

Transmite emoción Grande cuando habla de este género musical al que considera una música tan “desconsoladora” que es capaz de “consolar” al oyente y que consigue transformar el “dolor en lenguaje”, convirtiéndose así en “médico de millones de personas”.

“El cantaor flamenco no canta plácidamente, no sonríe. Está sumergiéndose como un minero en las profundidades del dolor y la injusticia”, advierte.

Félix Grande tiene previsto publicar en noviembre un libro en el que, además de hablar de pintores como Vincent Van Gogh o Antonio López, mostrará su punto de vista sobre las consecuencias que está provocando la crisis económica.

“Una maravillosa posibilidad de volcar la cólera que tengo sobre la troika. Son unas páginas en las que me estoy divirtiendo mucho, porque estoy soltando por la boca toda la bilis que me produce esa gentuza”, defiende.

Víctor Usón.

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