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La “maravillosa tristeza” de Travis encuentra aliados en la España profunda

Ha sido en la segunda jornada de esta cita musical de Aranda de Duero (Burgos), en la que 10.000 personas han disfrutado -hoy sí, o al menos de forma más palpable que ayer- de conciertos a cargo, entre otros, de Jero Romero, Delafé y las flores azules, Dorian, Miss Caffeína y León Benavente, una grata sorpresa.

Con el permiso de esta Armada Invencible, que hoy no se ha hundido, las mayores incógnitas estaban puestas en la actuación exclusiva en España del citado quinteto británico, que la próxima semana publica disco, “Where you stand”, tras cinco años de silencio.

Aún más tiempo ha transcurrido, 14 años exactamente, desde que los chicos de Fran Healy fueran señalados como sucesores naturales del brit-pop y responsables de trazar el camino que, con su mezcla más reflexiva de melancolía y optimismo, habría de seguir Coldplay con mayor éxito aún.

¿Podría Travis (re)conectar con una parte del público que, cuando estrenaron “Why does it always rain on me?”, apenas sabía caminar? Si la acumulación de cabezas ante el escenario no era suficiente indicio, la respuesta ha quedado despejada ante el sonoro entusiasmo que despertaba esa alarma distorsionada con la que se abre “Sing”, uno de sus clásicos.

La tibieza ante los temas nuevos, como “Mother”, “Moving” o el corte que da título a su último álbum, se ha visto compensada por el calor ante los viejos éxitos, insuflados de renovado vigor por la voz y el carisma de Healy, el mejor cantante de esta edición, y los coros del público, sobre todo con “Side”, “Closer” y una bella y desnuda “Flowers in the window”.

“Estamos de vuelta”, ratificaba el cantante, que se deshacía en elogios con el público del Sonorama.

Los que no requieren señales son Lori Meyers. Los granadinos se han convertido en la referencia nacional imprescindible que asegura el baile y el éxito de convocatoria de un festival y, además, los temas de su último disco, “Impronta”, se reciben ya con la misma efervescencia que “hits” como “Luces de neón” o “Mi realidad”.

Ha habido tiempo para más: el pop-rock elegante de Cyan, el buen rollo costero de Delafé y las flores azules, el cada vez más plausible fenómeno de Miss Caffeína, que acumula público a la espera de tomarle el relevo a Supersubmarina (quienes han ofrecido esta mañana un concierto sorpresa en plena ciudad) y el aplaudido oficio de Jero Romero.

Con la actuación de ayer de Mucho y la de hoy del toledano, el Sonorama 16 ha recuperado el espíritu de The Sunday Drivers, aunque haya sido en dos entregas. Sobrecogedor ha sido el pulcro silencio con el que el público ha esperado hasta que se ha extinguido del todo la última nota de su guitarra, para prorrumpir en un merecido aplauso generalizado.

Pero el festival había comenzado a calar antes, con los últimos rayos de sol y el concierto de León Benavente, la banda de post-punk y krautrock formada con mimbres de otras bandas y muchas geografías bajo el sello de Nacho Vegas, que ha arropado el reciente lanzamiento de su primer disco.

El grupo, de escasa vida pero construido por profesionales curtidos en el rock, ha redimensionado su sonido a la medida del festival, construyendo un poderoso y galopante muro de guitarras que, sobre todo a partir de “Ánimo, valiente” y “El Rey Ricardo”, ha movilizado al público.

Para el estallido, solo hacía faltar salvar la distancia física y emocional que el teclado imponía entre el también cantante Abraham Boba y el público. Ha sido al final, durante “Ser brigada”, cuando súbitamente, azuzado por la música, Boba ha lanzado por los aires el micrófono, la guitarra y casi también el piano, en medio de una eclosión rock que pocos presentes olvidarán. Momentazo.

Javier Herrero.

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