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Enrique Iglesias clausura Cap Roig con un concierto espectacular

Iglesias ha acaparado con el paso de los años un sinfín de premios y, sobre el escenario de Calella de Palafrugell, ha querido compartir con el público las razones de este éxito.

A sus 38 años, el cantante español ha dejado en evidencia que es capaz de triunfar en Cap Roig de la misma manera que lo había hecho en los últimos años su padre, Julio Iglesias.

Este relevo generacional ya venía cantado por el éxito de su último trabajo 'Euphoria', pero también por el de sus giras mundiales.

Abonado al número uno de las listas del Billboard, Enrique Iglesias es ídolo del público latino, pero el español ha dejado claro esta noche que también aprecia su talento.

Residente desde hace años en Miami, Iglesias combina en su música los ritmos de aquel continente con los españoles para obtener una mezcla que saca mucho partido de esa fusión.

El cantante se prodiga poco por su país de origen, lo hizo el pasado año después de doce sin pisarlo desde un escenario, pero se le ha visto muy cómodo en Cap Roig, donde el aforo (2.000 personas) facilita también el trato cercano con el público.

Enrique Iglesias desborda energía en sus actuaciones y esta visita a Cataluña no fue una excepción, con el músico entregado a ofrecerle un espectáculo completo a la audiencia.

La música en un concierto de este tipo es sólo una parte del total, pero existen muchos otros factores que van del empuje del cantante a su constante juego con el público.

Enrique Iglesias es el cantante de una banda envidiable, pero es también un animador nato y buena parte de su trabajo consiste en transmitirle su energía a los espectadores.

En Cap Roig, Iglesias arrancó 35 minutos tarde, pero fue poner una zapatilla sobre el escenario y poner de pie a todas las personas presentes en las gradas del auditorio.

Vestido con dos camisetas, aunque más tarde se desprendió de una de ellas, tejanos y una gorra, el encargado de clausurar el festival desplegó también todo tipo de sofisticaciones para crear ambiente que fueron de una pantalla gigante que recogía todos sus movimientos a cañones con humo e, incluso, algunos que lanzaban confeti.

Con 'I like how it feels', Enrique Iglesias desató el delirio entre el público, en buen parte femenino, y continuó con 'Rhythm Divine'.

El resto de la banda se vuelca también con su líder para ayudarle en esa tarea de encender la atmósfera, porque Iglesias canta, pero cede en numerosas ocasiones el testigo al coro para establecer un diálogo con sus seguidores, que en realidad esperan ese trato de proximidad de su ídolo, sabedores de que esa es su actitud en todos los conciertos.

'Bailamos' trajo el ritmo latino a Cap Roig y, entonces, el deseado por tantas mujeres optó por hacer subir a dos hombres al escenario, dos holandeses, a los que invitó a chupitos, a fotografiarse con él y a los que cantó con todos sus músicos formando una especie de cuadro flamenco 'Cuando me enamoro', la canción que ha compartido en numerosas ocasiones con Juan Luis Guerra.

Para coger aire, Enrique Iglesias entonó 'La chica de ayer' y explicó que esa era su canción favorita cuando se fue a vivir a América con nueve años y, tras un pequeño parón a modo de final de concierto, apareció en medio de las gradas para dedicarle 'Heroe' a todos sus seguidores.

Iglesias se paseó por las gradas, se dejó tocar, y regresó al escenario para hacer volar unos globos gigantes con los que se despidió al ritmo de 'Tonight (I'm fucking you)' de una Cataluña que recordó no haber pisado en trece años.

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