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El César Manrique más íntimo abre las puertas de su casa

Los visitantes podrán apreciar incluso los libros que César Manrique leyó en las fechas previas a su muerte en accidente de tráfico, de la que está a punto de cumplirse 21 años, o las fotos y recuerdos más personales que guardaba como tesoros en su residencia particular, ahora transformada en casa museo.

En total, se exhiben más de 1.500 objetos personales de Manrique, muchos de ellos recolectados por el artista desde 1986, cuando comenzó las obras de construcción de su casa en esta localidad del norte de Lanzarote en busca de intimidad, contacto con la naturaleza y un ambiente propicio para seguir pintando cómodamente.

Quienes se acerquen a la casa que Manrique habitó entre 1988 y septiembre de 1992 tendrán también la oportunidad de recorrer su taller, de 200 metros cuadrados, cuyo contenido se conserva intacto, tal y como el artista lo dejó, con sus brochas, pinceles y espátulas esparcidos por las diversas mesas de trabajo.

Entre ellas destaca una de madera que en su día presidía el despacho del que fue su gran amigo José Ramírez Cerdá, aquel presidente del Cabildo de Lanzarote que creyó en Manrique y apoyó sus ideas creativas, haciendo posible obras como los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes o el Mirador del Río, entre otras.

En el taller se pueden admirar también los cuadros inacabados en los que Manrique trabajaba cuando le sorprendió la muerte, en un accidente de circulación ocurrido el 25 de septiembre de 1992 en un cruce situado a pocos metros de la actual sede su Fundación, en el pueblo de Tahíche, en el municipio de Teguise.

La visita al taller de Manrique sirve para constatar la importancia que para el artista tenía la pintura y, sobre todo, la paz y la tranquilidad que su casa de Haría le proporcionaba para poder entregarse durante largas jornadas a lo que más le satisfacía, que era pintar.

Otro de los símbolos de identidad de la nueva casa museo es la vegetación tanto en el interior de la vivienda como en el exterior, lo que unido al emplazamiento de la casa, en un palmeral de 12.000 metros cuadrados cubierto de ceniza volcánica, la convierten en única.

Fernando Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique, destaca que lo más importante de la propuesta museográfica de este espacio es que “no se recrea, sino que se refleja fielmente el lugar en el que vivía y trabajaba Manrique”.

Mientras en la sede de la Fundación en Tahíche se exhibe “el arte del artista”, en la casa de Haría se muestran “los rostros de la persona, la visión sobre el artista”, lo que permite contar con una idea más global de Manrique.

Sobre la oportunidad de abrir al público la vivienda en estos momentos, Gómez Aguilera defiende que, ahora, pasadas dos décadas de la muerte de César, “se dan las condiciones para que la entrada a la casa no sea una agresión” a su memoria.

El pleno del Ayuntamiento de Haría ha designado por aclamación a César Manrique como Hijo Adoptivo del municipio en una sesión extraordinaria a la que ha asistido el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero.

Rivero ha recalcado que, en estos momentos, el espíritu de César es más importante que nunca: “sobre todo porque hoy nos volvemos a ver amenazados por aquellos que pretenden esquilmar nuestros recursos y poner en riesgo nuestros valores naturales”, ha dicho en referencia a las prospecciones petrolíferas que la compañía Repsol pretende llevar en aguas próximas a Canarias.

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