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Cuando a una familia le dan la fatídica noticia de que su hijo tiene cáncer, la vida le cambia en cuestión de segundos. El hospital se convierte en su hogar. Es más, «para ellos es como si las habitaciones fueran sus casas», explica María Manzanedo, coordinadora de voluntariado de oncología infantil dentro de la Asociación Oncológica de Extremadura (AOEx).