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Larga vida a Ska-P en “el mayor festival de música de Europa”

En un encuentro tras el baño de masas que se dieron anoche en este foro, no queda más remedio que preguntarles si advierten diferencias respecto al éxito que se les presume en casa. “Ska-P es una banda internacional, que en su país no saben lo que es”, responden, ante un cartel en el que su nombre figura destacado, justo detrás de los de Blur, Bad Religion, Nick Cave o Editors.

No salen en la televisión y en la radio y eso, razonan, les resta visibilidad en España. “¿Pero vosotros seguís tocando?”, les preguntan de cuando en cuando.

Y tanto que tocan. “Llevamos 20 años y, poco a poco, esto ha sido una mancha que, saliendo de Vallecas, se fue extendiendo más allá de los Pirineos y llegó a Rusia”, dicen, presumiendo del concierto que ofrecieron hace unos días como cierre de otro multitudinario festival en el país de Vladimir Putin.

Hasta 70 nacionalidades se congregan en el Sziget Festival, que se celebra en una arbolada isla del Danubio a su paso por Budapest y que visitan unas 350.000 personas a lo largo de sus ocho jornadas.

En el concierto de Ska-P, como por todo el festival, ondean banderas de Hungría, Rumanía, Francia, Italia, Alemania, muchas de las repúblicas exyugoslavas… Eso no es impedimento para escuchar a esta legión de “guiris” entonar sus letras en español.

“Entienden nuestro mensaje. Los profesores enseñan español con nuestras canciones”, aseguran.

No son los únicos españoles que en el Sziget han demostrado que el idioma no es una barrera para triunfar fuera. Ahí está el fenómeno más reciente de La Pegatina, una banda con diez años de trayectoria, que, al regalar su música a través de Internet, eliminan las trabas de distribución y permiten que sus canciones lleguen hasta Japón, donde debutarán en breve.

“Nuestra música va más rápido que nuestro show”, presumen a Efe en un encuentro organizado por el servicio de descarga musical en “streaming” Deezer España, que desea subrayar su importancia estratégica en el fomento del “boca-oído” y el intercambio cultural más allá de las fronteras políticas y las multinacionales.

Con más de 100 conciertos en la agenda, la mitad fuera de España, a ellos les salen las cuentas con esta estrategia de ofrecer su música gratis.

Es producto de mucho trabajo y de ser “muy atrevidos”. Empezaron dando conciertos allí donde tenían un amigo con casa y calentando sus conciertos con actuaciones gratuitas en plazas públicas, aunque fuese “a menos diez grados, como una vez en Suiza”, recuerdan.

Así aprovechaban para contagiar al público y vender copias físicas de sus discos. “Hacer la calle”, resumen entre risas. Ahora, todo pasa más por las nuevas tecnologías. El pasado miércoles, en su concierto en el Sziget Festival, constataron una vez más que atraviesan su mejor momento.

“Fuera vemos un ánimo de descubrir bandas nuevas”, señalan, antes de lamentar la distinta consideración que su profesión tiene también para los políticos foráneos. “En España, el músico es un vividor, pero fuera es un trabajador, un artista”, dicen, reclamando una bajada del IVA cultural.

Una tercera banda española, los roqueros Dinero, expertos en la autofinanciación de sus discos (llevan dos y preparan el tercero) también disfrutan estos días de su paso por Budapest, donde llegaron tras ganar un concurso que les ha permitido tocar en el mismo recinto que Editors, Biffy Clyro o Bat for Lashes.

“De otra manera, no habríamos podido llegar hasta aquí”, explican, tras constatar las diferencias técnicas y de organización entre los festivales españoles y el que consideran, probablemente, “el mayor festival de música de Europa”. “Es grande de cojones”, afirman con el asombro todavía en las pupilas cansadas.

Todos juntos han contribuido a extender entre los europeos una idea del país distinta de los clichés que muchos conservan, aunque también todos coincidan, tras llegar aquí gracias sobre todo a su sudor, que “la marca España está chunga”.

Por Javier Herrero.

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