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Bajaban por la calle de la casa de cultura con tres bestias cargadas con los aperos a media mañana y no al alba y ya traían cortados los helechos. En la plaza de Extremadura, en sitio habilitado para ello, se pusieron a descargar los avíos y comenzaron a despalochar los helechos. Vistieron los banastos, jaulas y cajones de distintos pesajes como cuando no existía el papel.