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Del bombardeo de Guernica a Japón, Lobezno reedita en cómic su mejor epopeya

“No parece como la pintó Picasso”, apunta Lobezno en medio del ataque nazi sobre la localidad vasca, al que se ve transportado por casualidad y en el que, tras unirse a un grupo de partisanos en su resistencia contra la fuerza combinada de alemanes y soldados nacionales, quedan al descubierto una vez más los horrores de aquella guerra fraticida.

Se trata en cualquier caso de una curiosidad dentro de una auténtica epopeya recuperada por Panini Cómics, que lo arrastrará sin respiro desde las costas de los bajos fondos portuarios de la inventada Madripur, en el sudeste asiático, hasta Tokio, ciudad en la que se desarrolla la última encarnación cinematográfica del famoso personaje, estrenada estos días.

En medio de ese periplo, aparecen Canadá y EEUU cerrando el círculo sobre los cuatro puntos cardinales de la historia y orígenes del personaje, el cual, pese a haber sido creado en 1974 por Len Wein, seguían siendo un misterio apenas abordado cuando se publicaron originalmente estos números, en los años noventa.

Por aquel entonces, Lobezno seguía siendo un miembro activo y fundamental de los X-Men (o la Patrulla X, según se prefiera), pero en su propia cabecera adquirió un nuevo impulso justo cuando aquella parecía al borde del cierre.

Los responsables fueron dos promesas, hoy más que consolidadas, llamados Marc Silvestri y Larry Hama, quien venía de convertir en guión las aventuras en cómic de la marca “G.I.Joe” y que en Lobezno encontró un espíritu análogo al del mortífero y honorable soldado ninja Ojos de Serpiente.

Hama combatió en la Guerra de Vietnam y el mismo dominio en el apartado bélico del que hizo gala en “G.I.Joe” se dejó sentir también en estas aventuras de Lobezno, a las que añadió su conocimiento de la cultura asiática, como descendiente de tercera generación de emigrantes japoneses llegados a Estados Unidos.

La ecuación de sangre, honor, balas y filos de espada que concibió se vio realzada por la aportación del dibujante Marc Silvestri, que ya se había curtido durante su etapa al frente de los X-Men. Bajo su dinámico lápiz, Lobezno parecía más salvaje y cruento que nunca, algo especialmente idóneo para unas tramas en las que Logan indagaba en la herida de su pasado olvidado.

Con su factor de curación trabajando horas extra, la carne del personaje salta por los aires bajo las uñas de archienemigos como Dama Mortal y Dientes de Sable (que aparecían en el film “X-Men Orígenes: Lobezno”, de 2009) y las espadas de la organización criminal nipona conocida como La Mano, protagonista de su segunda incursión en el cine en solitario.

No existe coincidencia con los hechos narrados en esa película, pero sí con sus personajes, como por ejemplo Mariko Yashida, “el gran amor” de Lobezno, que jugará un papel dramático determinante en las últimas páginas del tomo, que se cierra dejando tras de sí suficientes incógnitas como para enganchar a nuevos fans del peludo canadiense, siempre listo para sacar las garras: “Snikt!!”.

Ya lo dice él: “Soy el mejor en lo que hago”.

Javier Herrero.

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