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Virtuosismo y poesía de Hiromi en la clausura del Jazzaldia

Ha sido un día de propuestas femeninas, bien diferentes todas, pues el Heineken Jazzaldia también ha contado para la clausura con la sorprendente cantante coreana Youn Sun Nah, increíble en su variedad de texturas vocales, que se mueven por la experimentación mucho más allá del jazz.

El adiós definitivo lo daba Hiromi desde la plaza de La Trinidad, sobresaliente como en sus dos anteriores visitas -la primera en 2010 con el cuarteto del bajista Stanley Clark- y esforzadísima para hacerse entender. Ha leído una nota en castellano para presentar su “Suite Scapism”.

Es una obra de tres movimientos -“Reality”, “Fantasy” y “Between”- en la que la japonesa ha hecho acopio de infinitos matices sobre las teclas del piano, sutileza y vitalidad compitiendo a partes iguales.

Vigorosa ha sido también la actuación de sus músicos, del batería Steve Smith y, sobre todo, del magnífico bajista Anthony Jackson.

La artista, un torrente imparable sobre el piano en su anterior paso por el Festival en 2011, cuando actuó en el Kursaal, sigue siendo pura inquietud, pero esta noche también ha habido calma. Con “Please to be”, sola en el escenario, ha dado algunos de los minutos más hermosos de esta edición.

El público la ha aclamado. Lógico que la hayan despedido en pie.

La tarde la abría en el Kursaal una Diana Krall siempre distinguida, aunque hoy haya sustituido los altos tacones de aguja por unas botas bajas tobilleras, para repasar esas canciones que escuchaba en su niñez de los discos de su padre y que ha recogido en el álbum “Glas Rag Dol”, como “We just couldn't say goodbye” y “There Ain't No Sweet Man That's Worth The Salt of My Tears” con las que ha dado comienzo a una extraordinaria actuación.

No eran aún las seis de la tarde, pero una gran luna y algunas estrellas en el escenario trasladaron al público a una sesión nocturna de viejo teatro, con gramófono incluido, para escuchar temas como “Just Like a Butterfly That's Caught In The Rain”, en el que estuvo acompañada únicamente por el invitado de la velada, el gran guitarrista Marc Ribot.

Krall ha llevado a su terreno versiones como “Lonely Avenue” que popularizó Ray Charles, “Just you, just me”, que cantó Nat King Cole, además de “Simple Twist of Fate”, de Bob Dylan, y esa maravilla que es “Wide River to Cross”, del repertorio de The Band.

La cantante y pianista canadiense ha dado carácter a su recreación del “Temptation” de Tom Waits y ha ofrecido dos bises, “Glad Rag Doll” y “Whispering Pines”, tras una actuación en la que ha contado algunas cosas, entre ellas que sus hijos gemelos y su marido, impresionante en su concierto del día 24 en la playa, estaban con ella en San Sebastián.

Costello se encontraba de hecho en el auditorio, al que accedió por la puerta de camerinos una vez iniciada la actuación de su mujer, según han explicado a EFE fuentes del Festival.

Tras Krall, se estrenaba en la plaza de la Trinidad Youn Sun Nah, después de su paso en 2012 por los escenarios gratuitos del Jazzaldia. Ha entusiasmado a la audiencia con esos viajes por su amplio registro vocal, que acompaña con continuos y expresivos movimientos de brazos y manos.

Se ha paseado por muchas músicas, desde el standard “My Favorite Things” al “Jockey Full of Bourbon”, de Tom Waits, para lo que se ha rascado la voz como el maestro, o la country “Ghost Riders In The Sky”, que interpretaron en su día Johnny Cash y Bing Crosby.

Y además otras sorpresas, como “Hurt”, una composición propia”. Contó para ello con un compañero ideal, el sueco Ulf Wakenius, que en “Breakfast in Baghdad” se dedicó a extraer ritmo a su guitarra golpeando las cuerdas con una botella de plástico.

Aplausos entre el asombro ha cosechado esta artista en la jornada en que el Heineken Jazaldia se ha despedido hasta la 49 edición.

Ana Burgueño

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