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Lee Konitz y Pharoah Sanders, la noche de los maestros en el Jazzaldia

El gran inconveniente es la lluvia, que ha obligado a suspender en esta tercera jornada de la 48 edición el primer concierto del Escenario Verde de la plaza, el de Nothing Places, donde después de la medianoche comenzaba la actuación de los escoceses Belle and Sebastian.

Konitz nació en 1927 y desde luego esta tarde no ha ofrecido el mejor concierto de su vida, pero este saxofonista bajito, de dedos larguísimos, que intervino en la grabación del “Birth of the Cool” de Miles Davis, ha puesto al público en pie en el auditorio del Kursaal con un repertorio clásico.

El músico, que ha interpretado temas como “All The Things You Are” y “Stella by Starlight”, se ha movido por el terreno de la quietud, de las notas delicadas y la suavidad del fraseo.

Lo ha hecho acompañado por músicos jóvenes, Jeremy Stratton al bajo, George Schuller a la batería y Dan Tepfer al piano, el cual ha reaparecido luego en la plaza de la Trinidad junto a Pharoah Sanders.

“What is This Thing Called Love?” y “317 East 32nd Street” han sonado antes de la despedida, un bis que el músico ha tocado solo al saxo, para lo que ha pedido al público que lo secundara con un murmullo sordo y sostenido.

Konitz ha recibido antes de iniciar su recital el premio Donostiako Jazzaldia de manos del director del festival, Miguel Martín, que ha dicho que el saxofonista “ha construido una parte del jazz que conocemos” y que es una persona “intelectualmente activa, capaz de seguir influyendo, como una parte también del futuro del jazz”.

La otra leyenda, Pharoah Sanders, que en octubre cumplirá 73 años, se ha estrenado en el Heineken Jazzaldia con una extraordinaria muestra de sabiduría, aunque por sendas más ortodoxas que las que ha transitado en otras fases de su carrera, cuando se adentró en la aventura del “free jazz” junto a Albert Ayler, Sun Ra y Don Cherry, entre otros.

Sanders, que acompañó al grandísimo John Coltrane, ha liderado a un grupo joven. Además de Tepfer al piano, ha contado con Oli Hayhurst en el bajo y Gene Calderazzo, que han funcionado en perfecta comunión con la fuerza expresiva del maestro, que además ha cantado las estrofas de una canción de temática religiosa.

El saxofonista ha dicho adiós y ha abandonado el escenario despacio, con dificultades al andar, y cuando parecía que no iba a regresar pese al reclamo de la audiencia, lo ha hecho, ha imprimido “swing” al momento, ha dejado lucirse a sus músicos y se ha marcado unos pasos de baile.

Y todos encantados, un público uniformemente ataviado con los ponchos de plástico que entrega la organización en caso de lluvia -verdes este año- y que en esta velada se han hecho necesarios desde el primer momento.

Lluvia fina y molesta especialmente durante el primer concierto de “la Trini”, el del trompetista Dave Douglas, viejo amigo del Festival, que en esta ocasión ha sido menos experimental que en visitas pasadas.

Volverá a tocar en la cuarta jornada del Jazzaldia, en el Masada Marathon de John Zorn, que reunirá a doce grupos durante cuatro horas ininterrumpidas en el auditorio del Kursaal.

Esta noche ha sonado formidable y ha tenido palabras de solidaridad y cariño para las víctimas de la tragedia ferroviaria de Santiago de Compostela cuando ha dedicado un tema a su profesora de trompeta, fallecida hace dos semanas, una canción con ecos de himno bella y conmovedora.

Ana Burgueño

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