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Maillot presenta en Peralada un atrevido montaje de “El lago de los cisnes”

Maillot, que estrenaba en España, ha cogido la obra original y le ha dado un baño de modernidad con una puesta en escena en la que los miedos infantiles y los terrores nocturnos son ejes principales.

El bien, el mal, la candidez o el erotismo son conceptos que ha tenido en cuenta el coreógrafo de la compañía estrella del Principado de Mónaco, que ha contado en esta ocasión con la colaboración del libretista Jean Rouad.

El diseño del vestuario deja de lado los velos blancos que se asocian con la puesta en escena clásica y apuesta por una buena porción de color, con destacada presencia del negro, que permite seguir la evolución de los personajes.

El montaje de Jean-Christophe Maillot respeta en todo caso los elementos clave de “El lago de los cisnes”, pero le da una nueva interpretación a la obra que la hace mucho más cercana al siglo actual.

De hecho, Maillot ha escogido como nombre de esta nueva visión del clásico el de LAC, una terminología mucho más moderna que prepara al público conocedor únicamente del formato clásico para una sacudida que se prolonga de principio a fin sobre el escenario.

En realidad, lo que Les Ballets de Monte-Carlo propone es un montaje de terror y lo hace con la pieza más famosa de la danza universal.

El festival de Peralada ha asistido en anteriores ediciones a otras interpretaciones de “El lago de los cisnes”, pero la de Jean-Christophe Maillot ha sido posiblemente una de las más atrevidas.

El claroscuro que preside todo el montaje, lejos del blanco exclusivo que cualquiera asocia a la pieza de Chaikovsky, conduce al espectador a través de un mundo en el que el contexto familiar resulta del todo maquiavélico.

La puesta en escena de Maillot estructura los actos de forma que supongan un crecimiento gradual del impacto que causa la escenografía, que juega en todo momento en favor del desarrollo de los personajes principales.

La tecnología tiene también su momento con la aparición de un vídeo al inicio de la obra que sirve para revisar el pasado y darle así contexto a la escena presente.

Los colores son sin embargo el medio que escoge Jean-Christophe Maillot como vehículo de su protesta y viste así de blanco a la heroína Odette, mientras que lo hace de negro con su antagonista, Odile.

Para el personaje del brujo Rothbart, Maillot se apunta a darle una nueva visión al convertirlo en bruja malvada que evoca las de los cuentos infantiles.

Por supuesto, el final respeta la obra de Chaikovsky, pero la imaginativa forma de llevar a cabo toda la acción ha conllevado una larga ovación de un público acostumbrado a revisiones de “El lago de los Cisnes” pero que pareció cautivado por la visión propuesta por Les Ballets de Monte-Carlo.

El espectáculo, que antes de comenzar guardó un minuto de silencio por las víctimas del accidente de tren de Galicia, fue además el colofón al Encuentro de la Comunicación que anualmente organizan Abertis y la agencia EFE en los Jardines de Peralada.

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