lunes, 28 septiembre 2020 20:31

El Premio Cervantes Antonio Gamoneda ultima sus segundas memorias

Cinco años después de sacar sus primeras memorias (1936-1945), Gamoneda ha desvelado hoy en un café de redacción organizado por EFE en el Hotel Real Colegiata de San Isidoro de León que ya tiene casi lista la segunda parte, en la que entremezcla sus recuerdos de las intensas jornadas laborales que hacía cuando “era un chiquillo”, con la de su actividad clandestina en el Franquismo.

El problema que le surge ahora es “moral”, en el sentido de si publicar la obra o no, ya que “hay cosas que pueden crear sufrimiento”, ya no a sus protagonistas, que han fallecido en “un ochenta o noventa por ciento”, sino a sus descendientes; “pero no se puede mentir”, ha adelantado.

Otra obra con la que está “peleando” Gamoneda, es con un poemario que ha escrito titulado “Las venas comunales”, que concluyó hace seis meses y ahora cuando lo va a publicar quiere introducir correcciones.

El problema es que la obra está manuscrita sobre unos dibujos creados por el ilustrador y escritor, Juan Carlos Mestre, Premio de la Crítica de Poesía Castellana, y si los corrige “estropea esos dibujos”, ha apuntado.

El poeta ha reconocido que está tratando de recuperar “los años perdidos” desde que recibió el Premio Cervantes en 2006, un reconocimiento que agradece pero que ha hecho que no haya parado de viajar en todo este tiempo hasta hace poco, cuando aprendió a decir que “no” en una invitación que le hicieron a Hong Kong.

Ahora está centrado en su actividad literaria y ultima la segunda parte de estas memorias, a las que ha puesto varios títulos pero con ninguno de los cuales se acaba de quedar.

El poeta, que nació en Oviedo, vive desde que tenía tres años en León, donde se han producido la mayoría de sus recuerdos.

En esta ciudad, se desarrollan sus primeras memorias, tituladas “Un armario lleno de sombra”, en las que narra sus vivencias desde que tenía cinco años, hasta los catorce, un periodo marcado por la represión que presenció desde detrás de los barrotes del balcón de su casa, paso de prisioneros que desfilaban a la cárcel de San Marcos, reconvertida hoy en un Parador Nacional.

Estos recuerdos han marcado prácticamente la totalidad de la obra de Gamoneda.

En estas segundas memorias, el poeta habla de dos asuntos que le dejaron huella: uno, su trabajo en una oficina del Banco Mercantil en León -posteriormente absorbido por el Banesto-, donde entró de recadero con una jornada laboral que “comenzaba a las cinco de la mañana y acababa no se sabe cuándo”; y en segundo lugar su actividad en la clandestinidad en el Fransquismo.

“Nunca fui ningún héroe de la resistencia, aunque sí estuvieron a punto de pillarme”, ha reconocido.

Por otro lado, y en cuanto a su poemario “Las venas comunales”, escrito sobre unos dibujos de Mestre, ha explicado que cometió el error de “meterlo en un cajón y sacarlo después de seis meses”.

Ahora quiere corregir sus versos, pero si lo hace estropea las ilustraciones de Juan Carlos Mestre, que, por su parte, le ha dado permiso para hacerlo, ha explicado Gamoneda, que aún está en esa disyuntiva.

Las “venas” del título representan la vida y “comunales” se refiere a lo “universal y colectivo, no así lo social”, un término que, para Gamoneda, está desgastado.

A su juicio, la poesía no puede modificar los hechos objetivos, pero sí “puede hacer más sensibles las conciencias”; y, en este contexto, ha opinado que “no estaría mal” que los políticos leyesen un poco de poesía.

Sobre asuntos como el caso Bárcenas, los ERE de Andalucía, Gürtel, etc, ha dicho que “son pequeñeces” y no son más que “manifestaciones de lo que ocurre en la economía mundial”.

A su juicio, estamos “ante los últimos coletazos del capitalismo y neocapitalismo, sea liberal o no, que durará 30, 40 ó 50 años” y que reposa en “una de las grandes mentiras que es el dinero”.

Por Belén Molleda